La práctica de las fiestas de varicela, en la que padres exponen deliberadamente a sus hijos al virus de la varicela para que contraigan la enfermedad de forma natural, ha resurgido en países desarrollados como Estados Unidos impulsada por la desinformación y la desconfianza hacia las vacunas, según ha difundido la prensa estadounidense. Este fenómeno, que parecía superado desde la introducción de la vacuna a mediados de los años 90, gana terreno en comunidades con bajas tasas de vacunación, alimentado por la conectividad digital y los movimientos antivacunas.
Una lógica peligrosa que perdura
La idea de que la infección natural es más beneficiosa que la vacunación no es nueva. Antes de que existiera la vacuna, algunos padres organizaban encuentros para que los niños se contagiaran y desarrollaran inmunidad. Sin embargo, en la era de internet, esta práctica ha encontrado un altavoz que amplifica el mensaje y facilita la organización de estos eventos, a pesar de que la varicela puede causar complicaciones graves como neumonía, infecciones cutáneas bacterianas y, en raros casos, encefalitis.
La desinformación sobre la seguridad de las vacunas, sumada a una desconfianza generalizada hacia la medicina moderna, ha llevado a un número creciente de padres a optar por la exposición controlada al virus. La vacuna contra la varicela, incluida en los calendarios de inmunización infantil de muchos países, ha demostrado ser segura y eficaz, reduciendo drásticamente la incidencia de la enfermedad y sus complicaciones, según coinciden los organismos sanitarios internacionales.
Implicaciones para la salud pública
El resurgir de esta práctica supone un desafío para las autoridades sanitarias, que ya lidian con brotes de enfermedades prevenibles como el sarampión en zonas con baja cobertura vacunal. Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC) alertan de que cualquier disminución en la inmunización colectiva puede provocar brotes y poner en riesgo a personas vulnerables.
La conectividad digital, lejos de ayudar, ha actuado como catalizador: foros, grupos de redes sociales y sitios web especializados difunden teorías pseudocientíficas que vinculan las vacunas con supuestos efectos secundarios graves, sin respaldo científico. La lógica detrás de estas fiestas es contraproducente, ya que la vacuna ofrece protección sin los riesgos asociados a la infección natural, concluyen los expertos.




