La reciente tregua entre Estados Unidos e Irán y la reapertura del estrecho de Ormuz al tráfico petrolero no se traducirán en un descenso rápido de los precios del crudo. Aunque el acuerdo reduce el riesgo geopolítico inmediato en una de las rutas energéticas más sensibles del planeta, los desequilibrios estructurales del mercado petrolero impiden una corrección a corto plazo.

El estrecho de Ormuz, por el que transita aproximadamente el 20% del crudo mundial, ha sido escenario de tensiones entre Washington y Teherán durante años. La distensión actual elimina una prima de riesgo que encarecía el barril, pero los analistas subrayan que los fundamentos del mercado —como la oferta limitada de la OPEP+, la recuperación de la demanda global y los cuellos de botella en la capacidad de refinado— mantendrán los precios elevados.

Incluso si el tráfico se normaliza por completo, los precios del gas y la gasolina en países como España no volverán a los niveles previos a la crisis energética de forma inmediata. La economía global sigue lastrada por la inflación y la incertidumbre regulatoria, lo que frena cualquier alivio rápido para los consumidores.

La paz en Ormuz es una condición necesaria, pero no suficiente, para una relajación sostenida de los precios energéticos. Las fuerzas estructurales del mercado —desde la inversión insuficiente en nueva capacidad hasta las tensiones comerciales entre grandes bloques— seguirán marcando la evolución del crudo en los próximos meses.