El presidente estadounidense, Donald Trump, firmó el pasado 8 de junio el Memorando de Seguridad Nacional NSPM-11, una directiva que ordena a la comunidad de inteligencia y al Pentágono acelerar la adopción de inteligencia artificial en sus operaciones. La orden deroga la política del expresidente Joe Biden, recogida en el memorando NSM-25, y establece un nuevo marco de gobernanza para el uso de la IA en el ámbito militar y de espionaje.
Aunque el texto no menciona explícitamente el espacio, la formalización de los acuerdos del Pentágono con ocho empresas para el uso de redes clasificadas es una consecuencia inmediata. Entre ellas figura SpaceX, la compañía de Elon Musk, que ya había recibido autorización previa para operar con información sensible, pero cuya posición queda ahora consolidada como proveedor central de la estrategia de seguridad nacional.
Un giro respecto a la administración Biden
La nueva directiva se distancia del enfoque anterior, que priorizaba la regulación y la supervisión ética de la inteligencia artificial. Con el NSPM-11, la Casa Blanca busca mantener la ventaja estratégica de Estados Unidos frente a competidores como China y Rusia, integrando capacidades de IA, espacio y poder militar de forma más ágil.
Según fuentes del Departamento de Defensa citadas por un portavoz del Pentágono, el memorando establece nuevas reglas sobre autonomía de los sistemas, dependencia de proveedores externos y rendición de cuentas. «El objetivo es que nuestras fuerzas armadas y servicios de inteligencia dispongan de las herramientas más avanzadas sin los cuellos de botella burocráticos del pasado», declaró el portavoz.
El NSPM-11 es un paso sin precedentes para integrar la inteligencia artificial en las operaciones de defensa. La comunidad de inteligencia y el Pentágono están ahora obligados a acelerar la adopción de estas tecnologías para mantener la ventaja estratégica de Estados Unidos, según un alto funcionario de la Casa Blanca.
El papel de SpaceX en la nueva estrategia
SpaceX, a través de su red de satélites Starlink, ya había desempeñado un papel clave en la guerra de Ucrania, proporcionando conectividad a las fuerzas ucranianas. Con el NSPM-11, su capacidad para operar en redes clasificadas se amplía, lo que podría suponer un impulso significativo para los programas de inteligencia y defensa basados en IA. La directiva también sienta las bases para que otras empresas tecnológicas puedan acceder a estos contratos, siempre que cumplan con los requisitos de seguridad, fomentando así la competencia en el emergente mercado de la inteligencia artificial militar.




