El sábado 4 de julio, el Grupo de Apoyo al Islam y los Musulmanes (GSIM), rama de Al Qaeda en el Sahel, y grupos independentistas tuareg lanzaron una ofensiva coordinada contra la junta militar de Malí y sus aliados rusos, atacando varias ciudades en el noreste del país. La ciudad de Anéfis, nudo estratégico en el norte maliense, fue uno de los principales focos del asalto simultáneo.
Según fuentes locales citadas por la prensa, los ataques buscan explotar la debilidad de la junta gobernante y de sus fuerzas de seguridad, que cuentan con el apoyo de presuntos mercenarios del grupo Wagner (rebautizado como Africa Corps). La ofensiva se produce después de que a finales de abril el GSIM y el Frente de Liberación de Azawad (FLA) ya llevaran a cabo asaltos simultáneos que llegaron hasta la capital, Bamako.
Un Sahel cada vez más inestable
El noreste de Malí, región donde confluyen intereses de yihadistas y grupos independentistas tuareg, es escenario de una creciente resistencia contra las autoridades de Bamako. La junta militar, que llegó al poder mediante un golpe de Estado en 2020, ha incrementado su dependencia de Moscú para mantener el control territorial, lo que ha generado tensiones con la población local y con la comunidad internacional.
Los atacantes lograron coordinar acciones en múltiples localidades, lo que sugiere una planificación avanzada y una capacidad operativa que desafía a las fuerzas malienses y rusas. Analistas regionales consideran que la ofensiva podría desestabilizar aún más el Sahel, una región de interés estratégico para España debido a las rutas migratorias, la amenaza terrorista y la presencia de actores extranjeros como Rusia.
Hasta el cierre de esta edición, no se han reportado cifras oficiales de bajas ni se ha pronunciado la junta maliense. La situación sobre el terreno sigue siendo confusa, con informes de combates esporádicos en las zonas atacadas.




