El presidente chino, Xi Jinping, está redefiniendo el equilibrio de poder mundial mediante una estrategia de paciencia calculada, según un análisis de la prensa china que compara su enfoque con un antiguo proverbio: «El cazador experto no persigue al conejo; se coloca donde el conejo debe pasar». La lectura, que circula en medios asiáticos, sostiene que Xi ha logrado en cuestión de semanas que tanto el presidente ruso Vladímir Putin como el estadounidense Donald Trump hayan realizado sendas visitas a Pekín, consolidando a China como eje diplomático de un mundo multipolar.

La paciencia como herramienta geopolítica

El análisis, atribuido a fuentes cercanas al pensamiento estratégico del Partido Comunista, argumenta que Xi ha evitado confrontaciones directas y ha preferido tender puentes comerciales y diplomáticos que obligan a las potencias a acudir a la mesa china. «Xi no necesita perseguir a nadie; ha construido un escenario en el que las grandes potencias no tienen más remedio que venir a buscar su favor», señala el texto.

El cazador experto no persigue al conejo; se coloca donde el conejo debe pasar. Y ahora, tanto Putin como Trump han hecho su respectiva visita a Pekín en el lapso de unas pocas semanas notables.

Un orden global en transición

La publicación del análisis coincide con la reciente cumbre bilateral chino-estadounidense y el refuerzo de la alianza energética con Rusia, lo que sitúa a China como el único actor global con canales fluidos hacia Moscú y Washington. Para los analistas chinos, este posicionamiento demuestra que Pekín no busca imponer su modelo, sino reescribir las reglas del juego para que el orden mundial refleje una distribución del poder más acorde con el peso económico y demográfico del gigante asiático.

El proverbio citado, extraído de la tradición del Sun Tzu, no es casual. La administración Xi lo ha utilizado en repetidas ocasiones para explicar la estrategia de «desarrollo pacífico», que prioriza la influencia económica y diplomática sobre la confrontación militar. La apuesta, según el análisis, ya estaría dando frutos: China se ha convertido en el anfitrión indispensable de las principales potencias, y la propia dinámica geopolítica empuja a los líderes mundiales a buscar su alineamiento.

El artículo concluye que, aunque los críticos occidentales suelen tachar a Xi de autoritario o expansionista, la evidencia de las últimas semanas sugiere un gestor paciente que ha logrado que las dos potencias militares más grandes del planeta hagan cola ante su puerta.