El presidente chino, Xi Jinping, ha elogiado públicamente la consigna ‘Make America Great Again‘ durante la cumbre bilateral celebrada este viernes en Pekín con su homólogo estadounidense, Donald Trump. El gesto, inusual en la retórica diplomática china, ha sido interpretado por la prensa china como una señal de acercamiento estratégico y reconocimiento de un liderazgo estadounidense fuerte pero no hegemónico, en contraste con el ‘orden basado en reglas’ que promovió la administración Biden.
Un giro en la narrativa geopolítica
Según análisis de medios chinos, el elogio de Xi a la consigna de campaña de Trump supone un cambio significativo en la comunicación bilateral. Mientras que durante el mandato de Joe Biden Pekín denunciaba el unilateralismo de Washington, ahora China parece dispuesta a negociar con un interlocutor que, aunque impredecible, no se enmarca en la retórica intervencionista de sus predecesores.
La prensa china sostiene que el comentario de Xi reconoce un Estados Unidos fuerte pero no hegemónico, allanando el camino para una relación basada en intereses mutuos más que en valores compartidos.
La cumbre Trump-Xi ha sido minimizada por halcones de ambos partidos estadounidenses, como Jake Sullivan (asesor de seguridad nacional de Biden) y Aaron Friedberg (conocido neoconservador), que la calificaron de »mucho ruido y pocas nueces». Sin embargo, según la lectura china, estos comentarios ignoran la señal real: el giro de Pekín hacia una relación pragmática con la administración Trump.
El contexto de la cumbre
La reunión en Pekín se produce en un momento de fricción entre la retórica unipolar que Washington ha mantenido durante décadas y la creciente multipolaridad del sistema internacional. China, que ha impulsado foros como los BRICS y la Iniciativa de la Franja y la Ruta, busca consolidar su papel como potencia global sin necesidad de confrontación directa con Estados Unidos.
Analistas chinos citados por la prensa local apuntan que el reconocimiento de la consigna MAGA por parte de Xi es un gesto calculado para reducir la tensión comercial y tecnológica que marcó el primer mandato de Trump. La cumbre, de la que no se han filtrado acuerdos concretos, sienta las bases para una relación más predecible entre las dos mayores economías del mundo.
Según fuentes oficiales chinas, el encuentro se desarrolló en un »ambiente constructivo», aunque sin avances inmediatos en los puntos de fricción habituales, como los aranceles o la propiedad intelectual. La comunidad internacional sigue de cerca los próximos pasos de una relación que, pese a las divergencias, parece encaminarse hacia un nuevo equilibrio.




