El condado de Box Elder, en el estado estadounidense de Utah, ha aprobado la construcción del mayor centro de datos del mundo, un megaproyecto conocido como Stratos Project que ocupará 40.000 acres (unas 16.187 hectáreas) en el valle de Hansel. La decisión, adoptada a principios de mayo de 2026 por los comisionados del condado, ha desatado una fuerte controversia entre expertos y residentes por el previsible consumo masivo de agua y electricidad, así como por la presión sobre las infraestructuras locales.

El proyecto, cuyo operador aún no se ha revelado, aspira a consolidar el liderazgo estadounidense en inteligencia artificial, según las autoridades locales. Sin embargo, los críticos advierten de que la instalación podría requerir una capacidad eléctrica equivalente a la de varias centrales nucleares y consumir millones de litros de agua al día para refrigeración, en una región ya afectada por la sequía.

Una batalla por los recursos

La aprobación del proyecto ha reabierto el debate sobre el coste medioambiental de la expansión de la infraestructura digital. Organizaciones ecologistas y vecinos de la zona han denunciado la falta de transparencia y la ausencia de estudios de impacto independientes. El consumo energético previsto podría superar al de ciudades enteras, según estimaciones de expertos citados por medios locales.

Por su parte, los comisionados del condado defienden que el centro de datos generará empleo e ingresos fiscales, y que se han incluido medidas para mitigar el impacto, como el uso parcial de energías renovables. Sin embargo, la oposición pública sigue siendo intensa, con varias asociaciones vecinales preparando recursos legales para frenar la construcción.

Un precedente polémico

El caso de Utah no es aislado. En los últimos años, la demanda de centros de datos se ha disparado en Estados Unidos, impulsada por la inteligencia artificial y la computación en la nube. Proyectos similares han generado conflictos en estados como Virginia, Arizona o Carolina del Norte, donde las comunidades locales han cuestionado la prioridad dada a la industria tecnológica frente a la sostenibilidad.

El Stratos Project se perfila así como un símbolo de las tensiones entre la ambición tecnológica y la gestión de los recursos naturales, en un momento en que la administración federal impulsa la soberanía digital del país. El resultado de esta batalla legal y social podría sentar un precedente para futuras megainfraestructuras.