El expresidente colombiano Álvaro Uribe (2002-2010) ha intensificado su presencia en la campaña electoral para impulsar a su candidata, Paloma Valencia, que pierde terreno en las encuestas. El dos veces mandatario ha optado por ataques directos contra el oficialista Iván Cepeda, en un intento de reactivar la polarización entre el petrismo y el uribismo, según analistas consultados.
Uribe, que sigue siendo una figura central en la política colombiana, busca movilizar a su base electoral en un contexto de desgaste de la campaña de Valencia. La candidata de su partido ha visto cómo su popularidad disminuye frente al ascenso de Abelardo de la Espriella, quien ha capitalizado el descontento de sectores que antes apoyaban al uribismo.
Una estrategia que revive viejas divisiones
La intervención de Uribe se produce cuando faltan semanas para las elecciones. El expresidente, que gobernó durante ocho años con mano dura contra la guerrilla, ha centrado sus ataques en Cepeda, a quien acusa de ser parte del establishment que, según él, ha debilitado la seguridad del país. Los expertos consultados coinciden en que la estrategia de Uribe es reactivar una polarización que había perdido fuelle.
«La polarización petrismo-uribismo se había diluido, pero Uribe intenta recuperarla con un discurso de confrontación», señalan los analistas. Sin embargo, el riesgo es que la estrategia puede no ser suficiente para revertir la tendencia, ya que el electorado colombiano muestra signos de cansancio ante la vieja rivalidad entre las dos fuerzas políticas dominantes.
La candidatura de Paloma Valencia, que representa el ala más dura del uribismo, se enfrenta al desafío de convencer a un electorado que busca alternativas. Mientras tanto, Uribe no duda en poner su capital político al servicio de su candidata, en un movimiento que puede ser su último gran esfuerzo por mantener la influencia de su movimiento en el país.




