El 7 de julio de 2026, grupos yihadistas próximos a Al Qaeda, en alianza con independentistas del Front de libération de l’Azawad, aseguraron haber tomado el control de la ciudad de Anéfis, una localidad clave en el norte del país por su ubicación en la ruta que conecta Gao con Tombuctú.
La ofensiva combinada representa un desafío directo al Estado maliense, que en los últimos años ha tratado de recuperar el control territorial tras los acuerdos de paz de 2015, hoy prácticamente desactivados. La caída de Anéfis se produjo tras intensos combates que obligaron a las fuerzas gubernamentales a replegarse, según informaron los propios grupos atacantes en comunicados.
El Front de libération de l’Azawad, que agrupa a tuaregs independentistas, ha actuado en esta ocasión de forma conjunta con facciones yihadistas, una colaboración táctica que ya se ha visto en otras regiones del Sahel. La alianza, aunque pragmática, revela la fragilidad de la coalición gubernamental y la porosidad de las líneas entre rebeldes separatistas y extremistas islámicos.
La pérdida de Anéfis abre una vía de comunicación directa entre los insurgentes del norte y las rutas de tránsito hacia el centro del país, donde la inseguridad ya es endémica. La ofensiva podría acelerar la desestabilización del Sahel, con consecuencias en términos de terrorismo y desplazamientos forzados de población.
Mali lleva desde 2012 sumido en un conflicto múltiple, con sucesivas intervenciones internacionales —de Francia primero, después de la misión de la ONU y finalmente de actores regionales— que no han logrado contener la expansión de grupos armados. La nueva ofensiva en Anéfis demuestra que el control del Estado sobre el norte del país sigue siendo nominal.




