Un informe de un denunciante ha destapado la magnitud del aparato de vigilancia marroquí, que incluye desde el conocido programa espía Pegasus hasta micrófonos ocultos en sistemas de aire acondicionado y software malicioso preinstalado en teléfonos móviles. Las revelaciones, publicadas este 16 de julio, confirman que el reino alauí ha ido mucho más allá del escándalo que salpicó a decenas de periodistas, activistas y responsables políticos en todo el mundo.
Según el documento, la Dirección General de Estudios y Documentación (DGED), el servicio de inteligencia exterior marroquí, habría desplegado una batería de métodos de espionaje dirigidos tanto a disidentes en el extranjero como a figuras políticas y diplomáticas, con especial incidencia en España, Francia y otros países europeos. Entre las técnicas descritas figuran keyloggers, cámaras miniaturizadas y el uso de memorias USB infectadas para infiltrar dispositivos.
Un lustro después del caso Pegasus
Las nuevas filtraciones llegan cinco años después de que el Proyecto Pegasus —el software de la firma israelí NSO Group— pusiera en el punto de mira a Marruecos como uno de sus principales clientes. La investigación judicial abierta entonces sigue su curso. Según ha trascendido, dos exdirectivos de NSO Group han sido citados como testigos asistidos, un estatus que les permite declarar sin riesgo de autoincriminación.
En 2021, el Elíseo prometió «arrojar toda la luz» sobre el espionaje a seis ministros franceses, pero el posterior acercamiento diplomático entre París y Rabat frenó el impulso investigador. Ahora, el nuevo informe reactiva las sospechas sobre la connivencia institucional y la dependencia marroquí de tecnología israelí de vigilancia.
Mouchards installés avec une clé USB, téléphones vendus avec des logiciels espions, écoutes et caméras cachées… En plus du logiciel Pegasus, le royaume chérifien a constitué un puissant arsenal répressif, déployé contre des journalistes ou des cibles politiques
El Ministerio del Interior marroquí no ha respondido a las acusaciones. Por su parte, NSO Group, a través de un comunicado remitido a la prensa, ha reiterado que sus productos se venden exclusivamente a gobiernos «con fines legítimos de lucha contra el terrorismo y el crimen organizado», y que no controla el uso que sus clientes hacen de las herramientas.
Las implicaciones para la seguridad europea son considerables. El espionaje a políticos, diplomáticos y empresarios españoles —documentado ya en la primera entrega del caso Pegasus— podría haber sido mucho más extenso de lo que se creía. De momento, no ha trascendido una reacción oficial del Gobierno español al respecto.




