Un sistema de gestión de datos dependiente del Departamento de Seguridad Nacional (DHS) presenta fallos que podrían exponer los datos personales de miles o millones de votantes registrados en Estados Unidos, según advierten expertos electorales y de privacidad. El problema, que afecta a la base de datos Systematic Alien Verification for Entitlements (SAVE), se ha agravado a medida que se acercan las elecciones de medio mandato de noviembre de 2026.

La base de datos, diseñada para verificar la elegibilidad de los votantes, contiene información sensible como nombres, direcciones, números de la seguridad social y datos de ciudadanía. El fallo podría permitir filtraciones o accesos no autorizados, dejando a los votantes expuestos a riesgos de desinformación, intimidación y robos de identidad. Expertos consultados por medios estadounidenses señalan que el sistema está mal configurado y no cumple con los estándares mínimos de ciberseguridad.

El problema surge en un contexto de desconfianza creciente hacia la integridad electoral. Más de 150 millones de estadounidenses están llamados a las urnas en noviembre, y la vulnerabilidad de los datos podría ser explotada por actores malintencionados para sembrar dudas sobre los resultados o para campañas de acoso selectivo. La Oficina de Gestión de Personal (OPM) y el propio DHS han sido criticados por no haber solucionado el fallo a tiempo.

Según fuentes del Comité Electoral Federal, se está evaluando la posibilidad de retrasar la implementación de nuevas verificaciones hasta después de los comicios, aunque la medida podría generar incertidumbre jurídica. Organizaciones de derechos civiles como la Unión Americana de Libertades Civiles (ACLU) han instado a una solución inmediata, alertando de que el daño a la confianza pública podría ser irreversible.

El caso pone de relieve cómo la tecnología, lejos de ser una herramienta neutral, puede convertirse en un instrumento de desestabilización democrática cuando falla su diseño o implementación. Con las elecciones a la vuelta de la esquina, la seguridad de los datos de los votantes se ha convertido en una prioridad nacional que Washington aún no ha logrado garantizar.