Un ex alto cargo del FBI ha calificado de «fracaso de cuarenta años» la política de ciberdefensa de Estados Unidos, en un testimonio ante el Comité de Seguridad Nacional de la Cámara de Representantes. El ex subdirector asistente de la División Cibernética del FBI compareció a finales del mes pasado para denunciar que el Congreso no ha aprobado las reformas clave que podrían cambiar el equilibrio frente a las amenazas de Estados adversarios.
Durante la audiencia, el exfuncionario propuso medidas como la designación de los operadores de ransomware como terroristas y la aplicación de cargos de homicidio en casos de intrusiones que provoquen muertes de pacientes. Sin embargo, según su intervención, estas soluciones siguen siendo reactivas, al igual que las sanciones, las acusaciones contra operadores extranjeros o cualquier otra herramienta empleada hasta ahora.
Un problema estructural sin corrección
El testimonio puso de relieve que todo el andamiaje de la ciberdefensa estadounidense se basa en consecuencias impuestas después del daño, sin abordar las causas estructurales que permiten los ataques. El exjefe cibernético del FBI subrayó que, a pesar de décadas de amenazas crecientes, el Congreso no ha logrado aprobar las leyes que obligarían a las empresas a adoptar estándares mínimos de seguridad ni a informar de forma obligatoria los incidentes.
El fracaso, según el testimonio, no es solo de una administración sino de un patrón que se remonta a los inicios de la era digital. La ausencia de un marco regulador claro ha permitido que los ciberdelincuentes y los Estados adversarios operen con impunidad, mientras el gobierno federal reacciona una y otra vez después de que el daño ya se ha consumado.
La audiencia se produce en un momento en que los ataques de ransomware contra infraestructuras críticas —hospitales, oleoductos, redes eléctricas— se han disparado, y las atribuciones de ciberataques a China, Rusia, Irán y Corea del Norte son ya un lugar común en los informes de inteligencia. Aún así, las iniciativas legislativas para endurecer la ciberseguridad han quedado atascadas en el Congreso, víctimas del lobby empresarial y de la falta de voluntad política.
El ex subdirector asistente concluyó que, mientras el Congreso no actúe, EE.UU. seguirá atrapado en un ciclo de reacción perpetua, pagando el coste de un «fracaso de cuarenta años» que ningún gobierno ha sido capaz de revertir.




