La República Democrática del Congo y Uganda combaten un brote de ébola particularmente virulento que, según alertan expertos, circuló sin ser detectado durante semanas. El resurgimiento del virus en África Central y Oriental reactiva las críticas al desmantelamiento de la infraestructura sanitaria global que, denuncian organismos internacionales, se aceleró durante la administración de Donald Trump.
La cadena alemana Deutsche Welle recoge la opinión generalizada de que la salud global bajo Trump falló estrepitosamente. El recorte de fondos a la Organización Mundial de la Salud y la retirada de equipos de respuesta rápida dejaron a países como la RDC y Uganda sin la vigilancia epidemiológica necesaria para contener a tiempo el ébola, un virus con una tasa de letalidad que puede superar el 50%.
El brote actual, detectado oficialmente a principios de mayo de 2026, ya ha provocado decenas de casos confirmados y sospechosos, según fuentes del Ministerio de Sanidad congoleño. La Organización Mundial de la Salud alertó el lunes de que el virus podría haberse propagado a zonas urbanas antes de ser identificado. Las autoridades locales, desbordadas, han solicitado ayuda internacional urgente.
El legado sanitario de la era Trump
Durante su mandato (2017-2021), Trump redujo drásticamente la contribución estadounidense a la OMS y llegó a anunciar la retirada del país del organismo, aunque la decisión fue revertida por la administración Biden. Sin embargo, el daño a los programas de vigilancia de enfermedades infecciosas fue duradero, según denuncian ahora múltiples informes de salud pública.
La falta de inversión en laboratorios locales y en redes de alerta temprana en África Central ha sido señalada por la OMS como una de las causas del agravamiento del brote. El ébola pudo circular sin ser detectado durante al menos un mes, afirma la organización en su último informe de situación.
La global health bajo Trump falló, y ahora lo pagamos con vidas en el Congo y Uganda.
La crítica alinea a numerosos analistas que consideran que el enfoque aislacionista de Washington en materia de salud global dejó un vacío que potencias como China han intentado cubrir, aunque con intereses geopolíticos propios. Para España, la crisis sanitaria en sus antiguas zonas de influencia en África supone un recordatorio de la importancia de mantener la cooperación internacional en salud, especialmente en un contexto de creciente movilidad global.




