Un nuevo análisis de la analista Irina Slav, publicado este miércoles, sostiene que la economía global continúa funcionando principalmente con hidrocarburos, una realidad que contradice los discursos oficiales de la Unión Europea y la Agencia Internacional de la Energía (IEA) sobre la transición energética. La autora, que escribe en el contexto del debate sobre seguridad energética y soberanía industrial, argumenta que las fuentes fósiles siguen siendo la base del crecimiento mundial, pese a los esfuerzos de figuras como el comisario europeo Frans Timmermans y el director ejecutivo de la IEA, Fatih Birol.
El análisis señala que, a pesar de las décadas de promoción de energías renovables y los ambiciosos objetivos climáticos de Bruselas, la dependencia de los hidrocarburos persiste en sectores clave como el transporte, la industria petroquímica y la generación eléctrica de carga base. Esta realidad, según la autora, tiene implicaciones directas para la planificación energética de los estados y la competitividad industrial, especialmente en un contexto de tensiones geopolíticas que afectan al suministro de gas y petróleo.
La publicación llega en un momento en que la Unión Europea debate su hoja de ruta para 2030 y 2050, con la seguridad energética como prioridad tras la crisis derivada de la guerra en Ucrania. La IEA, por su parte, ha defendido en sus informes anuales la necesidad de acelerar la transición, aunque reconociendo que la demanda de combustibles fósiles se mantiene en niveles elevados en economías emergentes y en sectores difíciles de electrificar. El análisis de Slav subraya la brecha entre el discurso político y la realidad material del suministro energético global.




