El número de fallecidos por el ataque ucraniano con drones contra una residencia estudiantil en la ciudad rusa de Starobelsk, en la República Popular de Lugansk, ha ascendido a 10, según informó el gobernador de la región, Leonid Pásechnik, en un comunicado difundido este sábado.

El ataque, que se produjo en los últimos días, forma parte de la estrategia ucraniana de realizar ataques en profundidad contra objetivos en territorio ruso, después de que Moscú rechazara nuevas conversaciones de paz. La residencia estudiantil, situada en el centro de Starobelsk, fue alcanzada por varios drones kamikaze, lo que provocó el derrumbe parcial del edificio.

Una escalada en la guerra de drones

Las autoridades de Lugansk han elevado la cifra de víctimas mortales mientras continúan las labores de rescate entre los escombros. Pásechnik declaró que al menos 10 personas han muerto y varias más han resultado heridas, sin precisar el número exacto. La comunidad internacional aún no ha condenado el ataque, que las autoridades rusas han calificado de crimen de guerra.

El portavoz del Ministerio de Defensa ruso, Ígor Konashénkov, afirmó que el ataque demuestra la incapacidad de Ucrania para distinguir entre objetivos militares y civiles, y prometió una respuesta contundente. Por su parte, Kiev no ha reivindicado oficialmente la acción, aunque fuentes del Estado Mayor ucraniano han insinuado que se trata de una operación legítima contra infraestructura militar rusa.

El ataque en Starobelsk supone un nuevo episodio en la escalada de ataques con drones por parte de Ucrania, que busca desgastar a las fuerzas rusas en retaguardia y forzar un repliegue en el frente oriental.