Ucrania ha lanzado este jueves un ataque masivo con cientos de drones contra la capital rusa, Moscú, logrando impactar una refinería que suministra más de un tercio del combustible que consume la ciudad. La ofensiva, una de las mayores sufridas por la urbe desde el inicio de la guerra, forma parte de la estrategia de desgaste ucraniana contra la logística y economía rusas.

El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, justificó la operación calificándola de «respuesta totalmente justificada» a los últimos ataques rusos contra ciudades ucranianas, según informaron fuentes oficiales de Kiev. El ataque coincide con la escalada de bombardeos mutuos sobre infraestructuras críticas en ambos bandos del conflicto.

Impacto estratégico y energético

La refinería alcanzada es una de las más importantes del cinturón de Moscú, y su parada forzosa podría afectar al suministro de carburante en la región metropolitana. Las autoridades rusas no han confirmado de momento la magnitud de los daños, aunque los canales locales reportan columnas de humo visibles desde varios distritos de la capital.

Este ataque representa un salto cualitativo en la capacidad ucraniana de proyectar poder sobre el centro neurálgico ruso, y plantea interrogantes sobre la efectividad de las defensas antiaéreas de Moscú frente a enjambres de drones de bajo coste. Analistas militares señalan que la saturación con cientos de aparatos podría haber desbordado los sistemas de defensa aérea rusos.

La Unión Europea no se ha pronunciado aún, aunque varios Estados miembros han reiterado su apoyo a la legítima defensa ucraniana. España, como parte del bloque comunitario, sigue con atención la evolución del conflicto ante las posibles repercusiones en los mercados energéticos y la seguridad regional.