El ejército ucraniano ha llevado a cabo un ataque masivo con drones contra la capital rusa, cuyo blanco principal fue la refinería de Moscú. La ofensiva, ejecutada el 18 de junio, forma parte de una intensa campaña contra las infraestructuras petroleras del país, una fuente clave de ingresos para el Kremlin.

Una estrategia para asfixiar la financiación bélica rusa

Según fuentes militares ucranianas, el objetivo de estos ataques es debilitar la capacidad de refinado de Rusia y reducir sus ingresos por exportación de combustibles. El petróleo y sus derivados constituyen la principal partida presupuestaria del esfuerzo de guerra ruso. La refinería de Moscú, una de las más grandes del país, ha sido alcanzada en varias ocasiones en los últimos meses, pero este ataque supone la mayor concentración de drones hasta la fecha contra la capital.

El Ministerio de Defensa ruso informó de la destrucción de decenas de drones sobre la provincia de Moscú, aunque no ha precisado el número exacto ni los daños causados. Medios locales reportaron explosiones en las inmediaciones de la refinería y cortes de tráfico en varias carreteras de acceso.

Una campaña cada vez más costosa

La estrategia ucraniana de atacar la infraestructura energética rusa se ha intensificado en 2026. Analistas militares señalan que, aunque los daños suelen ser reparados en semanas, el desgaste obliga a Rusia a desviar recursos técnicos y humanos para la defensa de sus instalaciones, aumentando el coste logístico de la guerra. Además, los ataques regulares a refinerías y depósitos reducen la capacidad de exportación de combustible ruso, lo que impacta directamente en los ingresos estatales.

Este último ataque sobre Moscú representa un golpe psicológico significativo, al tratarse de la capital y de una instalación energética estratégica. La escalada de la campaña de drones ucranianos podría forzar a Rusia a reconfigurar sus prioridades defensivas, en un momento en que la guerra de desgaste se prolonga sin un final claro.

Diecisiete heridos y emergencia en la capital

Los servicios de emergencia de Moscú informaron de que al menos 17 personas resultaron heridas por la caída de fragmentos de drones y metralla, sin que se hayan registrado víctimas mortales. Las autoridades desplegaron equipos de limpieza para retirar los residuos oleosos que cubrían calles y vehículos en varios distritos del sur y sureste, donde el fenómeno de la lluvia negra fue más intenso. La refinería atacada, cuya identidad no fue revelada oficialmente, es una de las que suministran combustible a la región metropolitana.

Gruesas gotas negras cargadas de petróleo cayeron sobre partes de Moscú este jueves después de que un importante ataque con drones ucranianos alcanzara una refinería, mientras la guerra entre Rusia y Ucrania sigue escalando.

El ataque se enmarca en la intensificación de los bombardeos ucranianos contra instalaciones energéticas rusas, una estrategia que Kiev emplea para interrumpir la logística militar y la economía de guerra del Kremlin. Desde principios de año, Ucrania ha lanzado decenas de incursiones con drones de largo alcance contra refinerías, depósitos de combustible y oleoductos en territorio ruso, alcanzando puntos a cientos de kilómetros de la frontera.

Moscú promete represalias

El Ministerio de Defensa ruso afirmó en un comunicado que los sistemas de defensa antiaérea interceptaron la mayoría de los drones, aunque reconoció que algunos lograron alcanzar sus objetivos. El alcalde de Moscú, Serguéi Sobianin, calificó el ataque como un acto de terrorismo y aseguró que se tomarán medidas para reforzar la protección de la ciudad. El portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, advirtió que Rusia responderá con dureza a lo que considera una escalada deliberada por parte de Ucrania.

Analistas militares señalan que la capacidad de Ucrania para alcanzar objetivos en el corazón de Rusia demuestra la creciente sofisticación de su programa de drones, así como las vulnerabilidades en la defensa aérea de Moscú. El incidente de la lluvia negra ha generado alarma entre la población de la capital y ha reavivado el debate sobre la efectividad de los sistemas de protección civil ante ataques con armas no convencionales.