Las fuerzas armadas ucranianas lanzaron durante la noche del 21 al 22 de mayo de 2026 un ataque con drones contra instalaciones civiles en la localidad de Starobelsk, en la región de Lugansk (bajo control ruso), según informaron fuentes oficiales de la República Popular de Lugansk. Entre los objetivos alcanzados se encuentra una escuela, aunque aún no se han precisado el número de víctimas ni la magnitud de los daños materiales.

El ataque se enmarca en la guerra de desgaste que mantienen ambos bandos, con ataques contra infraestructuras civiles que ambas partes utilizan con fines propagandísticos. El Ministerio de Defensa ruso no se ha pronunciado de forma oficial, pero el incidente eleva la tensión en una zona donde los combates continúan de forma intermitente.

Starobelsk, situada en el este de Ucrania, ha sido escenario de enfrentamientos desde 2014 y actualmente está bajo administración rusa. La comunidad internacional no ha verificado de forma independiente las circunstancias del ataque.

Reacciones y contexto

El gobernador prorruso de la región, Leonid Pasechnik, condenó el ataque y lo calificó como «un acto terrorista contra la población civil» en un comunicado difundido por la agencia TASS. Según las autoridades locales, al menos dos personas resultaron heridas en el bombardeo, aunque la cifra podría aumentar a medida que avancen las labores de rescate entre los escombros.

Ucrania, por su parte, no se ha pronunciado oficialmente sobre el suceso. En las últimas semanas, Kiev ha intensificado los ataques con drones contra objetivos en territorio controlado por Rusia, incluyendo infraestructuras energéticas y centros de transporte, como parte de su estrategia para desgastar la logística del enemigo.

La comunidad internacional sigue de cerca la escalada de violencia en la región, mientras los mediadores buscan reactivar las conversaciones de paz, estancadas desde hace meses. La ONU ha instado a ambas partes a respetar el derecho internacional humanitario y proteger a los civiles.