El líder del partido islamista tunecino Ennahdha, Rached Ghannouchi, ha sido condenado a cadena perpetua por un tribunal de Túnez, según informaron fuentes judiciales este 2 de junio. El dirigente opositor, de 84 años, acumulaba ya penas que sumaban más de 40 años de prisión dictadas en procesos anteriores, en su mayoría por cargos de «complot contra la seguridad del Estado».

La condena se enmarca en el giro autoritario que ha experimentado Túnez desde que el presidente Kaïs Saied disolviera el Parlamento y concentrara el poder en 2021. Desde entonces, decenas de figuras de la oposición han sido detenidas y procesadas, entre ellos diputados, jueces y periodistas. Amnistía Internacional ha calificado estos procesos de «persecución judicial selectiva» y ha pedido la liberación de Ghannouchi, quien lleva más de un año en prisión preventiva.

Un referente islamista en el Magreb

Ghannouchi, fundador de Ennahdha en 1981, fue una figura central en la transición democrática tunecina tras la revolución de 2011. Su partido ganó las primeras elecciones libres y gobernó en coalición entre 2011 y 2014. Sin embargo, desde la llegada de Saied al poder en 2019, el movimiento islamista ha sido sistemáticamente desmantelado. La sentencia de cadena perpetua supone un duro revés para las posibilidades de Ghannouchi de volver a la vida política.

La condena tiene implicaciones regionales. Túnez, vecino de Argelia y Libia, es un actor clave en los equilibrios del Magreb. La represión de un referente islamista moderado podría alimentar la radicalización en la región, según advierten fuentes de organizaciones de derechos humanos consultadas por medios locales. Organizaciones de defensa de los derechos humanos han denunciado que el juicio no cumplió las garantías procesales mínimas.

El presidente Saied, que defiende su lucha contra los «enemigos de la patria», no se ha pronunciado directamente sobre la sentencia. En un discurso reciente, calificó a los líderes de Ennahdha de «traidores» y «corruptos». La condena a cadena perpetua de Ghannouchi parece cerrar definitivamente el capítulo del islamismo político en Túnez.