Los presidentes de Estados Unidos, Donald Trump, y de China, Xi Jinping, se reunirán en Pekín los próximos 14 y 15 de mayo de 2026 en una cumbre que tendrá como eje principal la guerra de Irán, según fuentes diplomáticas. El encuentro entre los líderes de las dos mayores economías del mundo, con un Producto Interior Bruto (PIB) conjunto de unos 43 billones de dólares, se produce en un momento de máxima tensión bilateral por los aranceles punitivos y el creciente divorcio tecnológico.
La agenda de la cumbre
El conflicto en Oriente Próximo acapara gran parte del orden del día, aunque también se abordarán las frágiles treguas comerciales, como la denominada «tregua de octubre», y la creciente competencia en sectores estratégicos. Durante una visita de miembros del Quincy Institute a China el mes pasado, los interlocutores chinos consultados insistieron en que Pekín actuará con «prudencia y cautela» ante un socio estadounidense que consideran «cada vez más impredecible y peligroso», según informó el instituto estadounidense.
Preocupación en Asia Meridional
Mientras tanto, en el sur de Asia crece la inquietud ante la posibilidad de que el desenlace de la cumbre pueda derivar en un enfrentamiento abierto o, por el contrario, en un pacto entre las dos potencias que margine los intereses regionales, según fuentes locales. Algunos analistas pronostican que Trump podría adoptar una postura conciliadora en las reuniones con Xi, en una lectura que contrasta con la retórica agresiva habitual de Washington, aunque sin confirmación oficial. El presidente estadounidense, que llegó a Pekín acompañado de una delegación reducida, tiene previsto mantener varias sesiones de trabajo con su homólogo chino antes de la declaración conjunta prevista para el viernes.
Un contexto de desconfianza mutua
La visita se produce después de que la administración estadounidense intensificara las sanciones contra empresas tecnológicas chinas y elevara los aranceles a productos asiáticos. Por su parte, China ha respondido con medidas de represalia y ha reforzado sus alianzas con otros actores globales. La guerra en Irán ha añadido una capa adicional de complejidad, ya que Pekín mantiene vínculos económicos con Teherán y se ha opuesto a las sanciones unilaterales de Washington. Fuentes cercanas a la Casa Blanca indicaron a la prensa que Trump busca un compromiso que evite una escalada militar directa entre ambos países en Oriente Próximo.




