La cumbre entre los presidentes de Estados Unidos, Donald Trump, y de China, Xi Jinping, celebrada la semana del 18 de mayo en Pekín, ha dejado al descubierto la vulnerabilidad estratégica de Washington en dos puntos clave: Taiwán y el estrecho de Ormuz. Analistas de Asia Times y Antiwar.com sostienen que la reunión marca un punto de inflexión en la transición hacia un orden multipolar, donde China cuestiona abiertamente el control estadounidense de rutas marítimas vitales.

El factor Taiwán

Según Asia Times, la declaración más reveladora de la cumbre no se produjo en el Gran Palacio del Pueblo, sino a bordo del Air Force One, cuando Trump fue preguntado por la isla. «La brecha de Taiwán ha quedado completamente expuesta», señala el análisis, que compara la situación con la crisis de Suez de 1956, cuando Reino Unido perdió su influencia en Oriente Próximo. La ambigüedad de Trump sobre el estatus de Taiwán —que Pekín considera una provincia rebelde— ha alarmado tanto a los aliados regionales como a los halcones en Washington.

El estrecho de Ormuz y el legado de Suez

El segundo punto crítico es el estrecho de Ormuz, por donde transita alrededor del 20% del crudo mundial. «Como Suez para los británicos, Ormuz presagia la perdición del imperio estadounidense», afirma el artículo de Asia Times. La creciente capacidad de China para proyectar poder naval en la región, junto con la alianza estratégica entre Pekín y Teherán, pone en jaque la libertad de navegación que Washington ha garantizado desde la Segunda Guerra Mundial. Antiwar.com añade que Trump, en su segundo mandato, ha mostrado signos de megalomanía, pero también una peligrosa vulnerabilidad: «Si Trump no quiere atraer sobre sí la ignominia de ser el primer presidente estadounidense en ser destituido…», advierte el medio, en referencia a las consecuencias internas de una posible humillación geopolítica.

Un orden en transición

Los analistas concluyen que la cumbre Trump-Xi no resolvió las diferencias fundamentales, sino que las hizo más evidentes. La combinación de la ambigüedad en Taiwán y la presión en Ormuz sugiere que Estados Unidos está perdiendo su capacidad de disuasión, lo que podría acelerar la transición hacia un mundo multipolar donde China y sus socios cuestionen abiertamente las reglas del juego establecidas por Washington.