El presidente estadounidense, Donald Trump, afirmó recientemente que Ucrania carece de capacidad de presión en las negociaciones para poner fin al conflicto con Rusia. Sin embargo, altos cargos de su propia Administración han expresado públicamente una opinión contraria, lo que evidencia una falta de coordinación interna en la estrategia de Washington hacia la guerra.

El secretario de Estado, Marco Rubio, calificó al ejército ucraniano como «el más fuerte de Europa», en declaraciones recogidas por varios medios. Por su parte, el enviado especial para Ucrania, Driscoll, reconoció ante senadores que Estados Unidos «está poniéndose al día» con el sistema de mando Delta de las fuerzas ucranianas, una red de comunicaciones y coordinación que Kiev ha desarrollado durante la guerra.

Las contradicciones entre el presidente y sus subordinados reflejan las tensiones internas en el diseño de la política exterior estadounidense hacia el conflicto. Mientras Trump busca una salida negociada rápida que rebaje el compromiso de EE.UU., Rubio y Driscoll destacan la fortaleza militar de Ucrania, lo que sugiere que Washington debería mantener o incluso aumentar el apoyo a Kiev.

Analistas en Washington señalan que estas discrepancias podrían debilitar la posición negociadora de EE.UU. ante Rusia, al mostrar un mensaje dividido desde la cúpula del poder ejecutivo. La Casa Blanca no ha emitido un comunicado conjunto para armonizar las posturas.

La divergencia se produce en un momento crítico del conflicto, cuando Ucrania busca asegurar nuevos envíos de armamento occidental. El sistema Delta, desarrollado por las fuerzas ucranianas en colaboración con asesores occidentales, ha sido clave para coordinar ataques de precisión y contrarrestar la guerra electrónica rusa. Según fuentes del Pentágono citadas por la prensa estadounidense, el propio Departamento de Defensa ha solicitado acceso a la tecnología ucraniana para mejorar sus propias redes de mando. La falta de una postura unificada en Washington complica la planificación de la ayuda militar para 2027, que el Congreso debe debatir en los próximos meses.