La administración estadounidense de Donald Trump ha prolongado la Ley de Crecimiento y Oportunidades para África (AGOA) por tan solo un año, una medida que introduce una incertidumbre inédita en el régimen preferencial que durante décadas ha facilitado las exportaciones africanas al mercado estadounidense.

La decisión, conocida este 13 de julio, está vinculada a la exigencia de Washington de que los países africanos beneficiarios ofrezcan reciprocidad comercial, es decir, que reduzcan sus propias barreras arancelarias a los productos estadounidenses. Hasta ahora, la AGOA concedía acceso libre de aranceles a un amplio catálogo de productos africanos sin contrapartida equivalente.

Un modelo en revisión

La renovación por un solo año rompe con la práctica anterior de periodos plurianuales, lo que genera inestabilidad para los exportadores africanos, que dependen de la predictibilidad del acuerdo para planificar inversiones y contratos a largo plazo. Según fuentes oficiales estadounidenses, la limitación temporal busca presionar a los gobiernos africanos para que negocien acuerdos bilaterales más favorables a los intereses de Estados Unidos.

La AGOA, vigente desde 2000, ha sido clave para sectores como el textil en países como Kenia, Lesoto o Etiopía, y para las exportaciones de productos agrícolas y manufacturas ligeras. Con la incertidumbre actual, varios países africanos han acelerado sus estrategias de diversificación comercial hacia otros socios, como la Unión Europea o China.

Impacto en las exportaciones africanas

Datos del informe más reciente de la oficina de comercio exterior estadounidense indican que las exportaciones africanas amparadas por la AGOA superaron los 10.000 millones de dólares en 2025, concentradas en petróleo, automoción y textil. La exigencia de reciprocidad podría afectar especialmente a los países menos industrializados, que temen perder competitividad si abren sus mercados a productos estadounidenses.

La comunidad empresarial africana ha expresado su preocupación a través de asociaciones como la Cámara de Comercio de Estados Unidos en África, que pide un marco estable a medio plazo. Por su parte, el Gobierno estadounidense defiende que la reciprocidad es una condición necesaria para equilibrar la balanza comercial y fomentar inversiones mutuas.

La decisión de Trump se enmarca en su política de revisión de acuerdos multilaterales y bilaterales, que ya aplicó durante su primer mandato con el TLCAN, la OMC o los aranceles a China. Para África, el desafío es adaptarse a un socio comercial que exige condiciones más duras justo cuando el continente busca consolidar su integración en las cadenas de valor globales.