Oriente Medio asiste a un reordenamiento de alianzas que puede alterar los equilibrios geopolíticos de la región. Emiratos Árabes Unidos e Israel estrechan su cooperación, mientras Arabia Saudí impulsa nexos con Egipto, Turquía y Pakistán. Al mismo tiempo, el presidente estadounidense Donald Trump presiona para ampliar los Acuerdos de Abraham e integrar incluso a Irán en una nueva coalición regional.
Ejes cambiantes y actores clave
Según fuentes diplomáticas, el acercamiento entre Emiratos Árabes Unidos e Israel se produce en el contexto del conflicto con Irán y la creciente influencia de Pekín en la zona. Por su parte, Riad busca diversificar sus socios con un bloque que incluye a El Cairo, Ankara e Islamabad, lo que supone un contrapeso a la alianza emiratí-israelí. Turquía, tradicional rival de los Emiratos, aparece ahora como socio preferente de Arabia Saudí, lo que evidencia la fluidez de las lealtades en la región.
Presión de Trump para expandir los Acuerdos de Abraham
La Casa Blanca, a través de Trump, ha intensificado la presión diplomática para que más países se sumen a los Acuerdos de Abraham, el marco de normalización de relaciones con Israel auspiciado por Washington en 2020. Según fuentes diplomáticas, el propio Irán podría ser invitado a formar parte de una coalición más amplia, un giro significativo dada la hostilidad entre Teherán y Tel Aviv. Sin embargo, el escepticismo sobre la viabilidad de incluir a Irán es elevado, dado el estado de guerra latente entre ambos países.
La propuesta de Trump de integrar a Irán en los Acuerdos de Abraham ha sido recibida con cautela en la región, y muchos analistas dudan de que Teherán acepte un marco que legitima la presencia israelí en su vecindario estratégico.
El nuevo mapa de alianzas tiene consecuencias directas para España, cuya posición en el Mediterráneo y el Magreb se ve afectada por el reforzamiento del eje Israel-VAE. Este bloque compite con la influencia de Francia y Marruecos en el norte de África, donde Madrid busca mantener equilibrios comerciales y diplomáticos. El reordenamiento en Oriente Medio condiciona la proyección española, especialmente en un momento en que el Magreb es escenario de tensiones entre Argelia y Marruecos, y donde Rabat cuenta con el respaldo de París.
Los expertos subrayan que, aunque la formación de nuevas alianzas es aún incipiente, su consolidación podría redefinir los bloques de poder en una región clave para la seguridad energética y migratoria de Europa. España, como frontera sur de la UE, seguirá de cerca estos movimientos.




