El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, calificó al primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, de «jodidamente loco» durante una llamada telefónica mantenida el pasado 1 de junio, según fuentes presentes en la conversación citadas por el medio estadounidense Axios. El incidente, que incluyó gritos y palabras altisonantes, refleja el creciente distanciamiento entre ambos líderes en torno a los planes militares israelíes en Líbano y una posible ofensiva contra Irán.
De acuerdo con dos funcionarios que presenciaron el intercambio y una tercera fuente con conocimiento directo, la discusión se intensificó cuando Netanyahu presionó a Trump para que respaldara una acción militar contra Irán. Trump, visiblemente irritado, respondió: «Estás jodidamente loco». El presidente estadounidense habría rechazado de plano la propuesta, calificándola de provocación innecesaria que podría desencadenar un conflicto regional de gran escala.
Implicaciones para la alianza
El choque verbal desafía la imagen de sintonía que ambos mandatarios han proyectado durante años, especialmente en materia de seguridad en Oriente Próximo. Trump, que durante su mandato impulsó los Acuerdos de Abraham y reconoció la soberanía israelí sobre los Altos del Golán, parece ahora dispuesto a poner freno a las ambiciones militares de su aliado. Netanyahu, por su parte, busca ampliar las operaciones en Líbano y neutralizar la amenaza que supone Irán para Israel.
Fuentes de la Casa Blanca, que han preferido mantener el anonimato, señalaron que «Netanyahu quiere una guerra que Trump no está dispuesto a librar». El portavoz del Consejo de Seguridad Nacional estadounidense, sin embargo, matizó que «las conversaciones entre aliados pueden ser intensas, pero la alianza con Israel es inquebrantable».
Aunque ni la Casa Blanca ni la oficina del primer ministro israelí han confirmado oficialmente el contenido de la llamada, el episodio deja entrever una fractura en una de las relaciones bilaterales más estratégicas de Washington. Cualquier escalada militar en la región podría arrastrar a la OTAN, de la que España es miembro, a un conflicto de consecuencias imprevisibles, reduciendo el margen de maniobra de los socios europeos. Madrid, que mantiene vínculos tanto con Estados Unidos como con Israel, podría verse abocada a mediar ante una eventual crisis.




