La Casa Blanca emitió este lunes 22 de junio de 2026 una orden ejecutiva firmada por el presidente Donald Trump para unificar y acelerar el desarrollo de tecnologías cuánticas en Estados Unidos, con especial atención a sus aplicaciones espaciales. La directiva, según informó la propia Casa Blanca, encarga a la NASA y a otras agencias federales la coordinación de esfuerzos en sistemas cuánticos que permitan la próxima generación de navegación, detección y comunicaciones seguras desde el espacio.

Impulso a la ventaja competitiva en el dominio cuántico

La orden ejecutiva busca mantener la ventaja competitiva de Estados Unidos en el ámbito de las tecnologías cuánticas y su integración en el espacio, un sector donde Washington compite directamente con China y otras potencias. Aunque no se detallaron cifras de inversión ni plazos concretos, el texto de la orden subraya la necesidad de evitar la fragmentación de los programas cuánticos entre distintas agencias y de priorizar las aplicaciones que puedan desplegarse en órbita terrestre y en misiones de exploración.

La iniciativa se enmarca en la estrategia más amplia de la Casa Blanca para dominar las tecnologías emergentes con aplicaciones militares y civiles. En particular, los sistemas cuánticos podrían revolucionar el posicionamiento global más allá del GPS actual, ofreciendo una precisión imposible de interferir, así como comunicaciones a prueba de espionaje mediante el entrelazamiento cuántico.

Reacciones en el sector espacial y la industria

La orden ejecutiva supone un paso significativo para coordinar los esfuerzos de la NASA, el Pentágono y el Departamento de Energía, que ya trabajaban por separado en computación cuántica y sensores cuánticos. La NASA, por su parte, deberá elaborar un plan detallado para integrar estas tecnologías en sus futuras misiones, incluido el programa Artemis de retorno a la Luna y las misiones a Marte.

La orden también establece un comité interagencial encargado de supervisar los avances y de resolver los conflictos de competencias entre los distintos departamentos. Este comité deberá presentar un primer informe al presidente en un plazo de 180 días, según lo previsto en la directiva.

La industria privada, con actores como IonQ, Rigetti Computing y D-Wave Systems, así como contratistas de defensa como Lockheed Martin y Northrop Grumman, podrían beneficiarse de los nuevos contratos que surjan de esta iniciativa. La orden no menciona explícitamente la colaboración con empresas privadas, pero deja abierta la puerta a asociaciones público-privadas.

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Las órdenes ejecutivas, fechadas el 22 de junio de 2026, también encargan al Departamento de Defensa que asista al Departamento de Energía en la construcción de un superordenador cuántico y que asesore a otras agencias en la protección frente a hackers que utilicen computación cuántica.

Implicaciones para la defensa

La iniciativa supone un paso significativo en la integración de la tecnología cuántica en el arsenal estadounidense. Los sensores de este tipo prometen una precisión sin precedentes en sistemas de navegación inercial, capaces de operar sin señales GPS, así como mejoras en la detección de submarinos y en la identificación de señales en entornos de guerra electrónica densos.

El Pentágono deberá coordinar con el Departamento de Energía, que lidera la investigación básica en computación cuántica, para garantizar que el desarrollo de los sensores no duplique esfuerzos y aproveche los avances ya logrados en los laboratorios nacionales.

La decisión de la Casa Blanca se enmarca en la creciente competencia tecnológica con China, que ha priorizado la cuántica en sus planes de modernización militar. Pekín ya ha desplegado prototipos de sensores cuánticos en ensayos navales y cuenta con una de las redes de comunicaciones cuánticas más extensas del mundo.