El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció este jueves nuevas sanciones contra el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán (IRGC) que calificó como «el golpe más duro» contra la institución. La medida, presentada en una rueda de prensa en Washington, apunta directamente al papel del IRGC en la industria energética iraní y sus redes de financiación, en un intento de reducir las exportaciones de crudo de Teherán.

Las sanciones afectan a entidades vinculadas al IRGC que operan en los sectores del petróleo y el gas, así como a intermediarios que facilitan la venta de crudo iraní en los mercados internacionales. Según fuentes del Departamento del Tesoro, la medida busca cerrar las vías de financiación que permiten al IRGC sostener actividades que Washington considera desestabilizadoras en Oriente Próximo, incluyendo el respaldo a grupos como Hezbolá y las milicias hutíes.

Hoy damos un paso decisivo para cortar el flujo de recursos al IRGC. No permitiremos que esta entidad terrorista siga usando los ingresos energéticos para poner en peligro la seguridad regional e internacional.

Analistas consultados estiman que las exportaciones iraníes de crudo, que en los últimos meses se han mantenido en torno a 1,5 y 2 millones de barriles diarios, podrían verse reducidas significativamente si la presión se aplica con rigor. Irán ha sorteado parcialmente las sanciones previas mediante flotas fantasma, transbordos en alta mar y la venta a compradores en Asia, principalmente China.

Impacto en los mercados globales

El anuncio de Trump se produce en un contexto de tensión en los mercados de crudo, donde el precio del barril de Brent ha reaccionado al alza ante la perspectiva de una menor oferta iraní. El Gobierno estadounidense confía en que otros productores, como Arabia Saudí y Estados Unidos, puedan compensar cualquier déficit, aunque la incertidumbre geopolítica en la región añade volatilidad.

La medida supone un endurecimiento de la política de máxima presión que la Administración Trump ha mantenido contra Irán desde su primer mandato. El presidente vinculó las sanciones a la necesidad de frenar el programa nuclear iraní y lo que describió como «actividades desestabilizadoras» del IRGC en Medio Oriente.

Reacción de Teherán

El Gobierno iraní aún no ha emitido una respuesta oficial al anuncio, pero en el pasado ha calificado las sanciones como una violación del derecho internacional y ha amenazado con tomar represalias. La tensión entre ambos países sigue siendo elevada, especialmente por las conversaciones indirectas sobre el programa nuclear, que permanecen estancadas desde hace meses.