El presidente estadounidense, Donald Trump, ha declarado que el uranio enriquecido de Irán debe ser transferido de inmediato a Estados Unidos para su posterior destrucción, o bien destruido «in situ» o en otro lugar aceptable en coordinación con Teherán. La exigencia, formulada en mayo de 2026, supone una escalada en la presión nuclear sobre la República Islámica y tiene implicaciones directas para la seguridad global y el equilibrio de poder en Oriente Medio.
Condiciones de la rendición nuclear
Trump afirmó que el «polvo nuclear» iraní —término utilizado para referirse al uranio enriquecido— debe ser eliminado por completo como condición para cualquier acuerdo. Según fuentes de la Casa Blanca citadas por la prensa, la opción preferida de Washington es que el material sea trasladado a EE.UU., donde sería destruido bajo supervisión internacional. La alternativa, según Trump, sería la destrucción en territorio iraní con verificadores extranjeros.
El presidente estadounidense, Donald Trump, afirmó que el uranio enriquecido de Irán debe ser transferido de inmediato a EE.UU. para su posterior destrucción, o bien destruido «in situ» o en otro lugar aceptable en coordinación con Teherán.
Reacción de Teherán y contexto geopolítico
Irán mantiene un programa nuclear que, según la Agencia Internacional de la Energía Atómica (OIEA), cuenta con varias toneladas de uranio enriquecido al 60%, cerca del umbral del 90% necesario para uso militar. Teherán insiste en que su programa es pacífico, pero la comunidad internacional ha mostrado preocupación. La exigencia de Trump, que no especifica plazos ni sanciones adicionales, ha sido recibida con silencio oficial por parte de las autoridades iraníes. Analistas internacionales consideran que la propuesta es «inviable» sin un cambio sustancial en la postura de Irán, que históricamente ha rechazado cualquier renuncia total a su capacidad nuclear.




