El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha condicionado un posible pacto con Irán a la adhesión de Arabia Saudita, Qatar, Pakistán, Turquía, Egipto y Jordania a los Acuerdos de Abraham, el marco de normalización de relaciones con Israel. «Solo habrá un gran acuerdo para todos o ningún acuerdo», advirtió Trump, en medio de las negociaciones mediadas por Omán y tras meses de crisis diplomática.
Las exigencias de Washington
La nueva condición eleva el listón de las conversaciones, que hasta ahora se centraban en el programa nuclear iraní y el cese de hostilidades. Según analistas, Trump pretende ampliar los Acuerdos de Abraham —ya firmados por Emiratos Árabes Unidos, Bahréin, Marruecos, Sudán y Kazajistán— para incluir a potencias regionales suníes y a Turquía. La iniciativa busca aislar a Irán y reforzar la alianza con Israel, aunque la viabilidad diplomática es incierta, dado que algunos de los países mencionados carecen de relaciones oficiales con el Estado judío.
¿Estamos ante una verdadera desescalada entre Washington y Teherán o frente a un nuevo episodio de presión estratégica?
Así se plantea la cuestión en medios internacionales, mientras las negociaciones han transcurrido con hermetismo. Un acuerdo afectaría directamente al precio del petróleo, la seguridad de Israel y la influencia iraní en Oriente Medio, con ramificaciones en el Sahel, donde opera Hezbolá.
Reacciones y perspectivas
El Gobierno iraní no ha respondido oficialmente a la nueva condición, pero fuentes cercanas a las negociaciones señalan que Teherán considera inaceptable vincular el pacto con los Acuerdos de Abraham, al considerar que legitima la ocupación israelí. Mientras tanto, Trump ha lanzado nuevos ataques contra posiciones iraníes, amenazando con quebrar las conversaciones. La comunidad internacional sigue con atención los próximos movimientos en una región donde cualquier error puede desatar una escalada de consecuencias impredecibles.




