El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha exigido este lunes a Arabia Saudí y Catar que normalicen sus relaciones con Israel como condición previa para un posible acuerdo de paz con Irán. La demanda, formulada en un extenso mensaje en su red Truth Social, reconfigura las alianzas en Oriente Medio y añade presión sobre los Estados musulmanes para que se sumen a los Acuerdos de Abraham, el proceso de normalización impulsado durante su primer mandato.

Una condición que complica las negociaciones

Trump ha vinculado explícitamente la firma de los acuerdos por parte de Riad y Doha a la viabilidad de un pacto con Teherán. Según fuentes de la Casa Blanca, la administración republicana busca aislar diplomáticamente a Irán mientras se negocia el fin de su programa nuclear y su influencia regional. La condición, sin embargo, podría encarecer el precio político del acuerdo tanto para los saudíes como para los cataríes, que hasta ahora habían condicionado la normalización a avances en la solución de dos Estados para Palestina.

No puede haber un acuerdo con Irán sin que Arabia Saudí y Catar reconozcan a Israel y se integren plenamente en los Acuerdos de Abraham. Es una línea roja.

La declaración ha sido recibida con cautela en Riad y Doha, donde aún se analiza el alcance de la presión estadounidense. Marruecos, que ya normalizó relaciones con Israel en 2020 como parte del mismo proceso, observa con atención el movimiento de Washington, que podría reforzar su posición regional o, por el contrario, generar tensiones adicionales si otros actores se resisten.

Impacto en el equilibrio regional

La iniciativa de Trump altera el tablero diplomático en un momento en que la administración estadounidense busca cerrar un gran acuerdo con Irán que incluya su desnuclearización y el fin de su respaldo a milicias en la región. La exigencia de sumar a los dos pesos pesados del Golfo a los Acuerdos de Abraham supone un giro respecto a la estrategia de la anterior administración Biden, que priorizaba un acercamiento gradual sin imposiciones públicas.

El Reino Unido y Francia han mostrado su respaldo a la iniciativa en términos generales, según fuentes diplomáticas, aunque advierten de que una presión excesiva podría fracturar el frente negociador. España, que mantiene intereses comerciales y de seguridad en el Norte de África y Oriente Medio, sigue de cerca la evolución de un proceso que podría redefinir las alianzas en el Mediterráneo y el Golfo Pérsico.

Hasta el momento, ni Arabia Saudí ni Catar han emitido una respuesta oficial, pero analistas de la prensa internacional consideran que la condición de Trump eleva la apuesta y podría retrasar cualquier acuerdo con Irán. La Casa Blanca no ha fijado un plazo para que Riad y Doha tomen una decisión.