El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, sorprendió este viernes al celebrar el alza de la inflación interanual en su país, que en mayo alcanzó el 4,2%, su nivel más alto en tres años. «Me encanta la inflación», declaró el mandatario, según fuentes de la Casa Blanca, en una afirmación que contrasta con su promesa de campaña de acabar con el encarecimiento de los precios.
La declaración se produce en un contexto de escalada bélica con Irán y a pocos meses de las elecciones de medio término, previstas para noviembre de 2026. Los adversarios de Trump han calificado sus palabras como «desconectadas de la realidad», mientras los analistas advierten de que la inflación, lejos de ser una buena noticia, erosiona el poder adquisitivo de los consumidores y puede afectar a la popularidad del presidente en los comicios.
El alza de precios en Estados Unidos tiene implicaciones globales. Para España, una inflación elevada en la primera economía mundial puede encarecer las exportaciones españolas y generar incertidumbre en los mercados financieros, además de influir en las decisiones del Banco Central Europeo sobre los tipos de interés.
Según los datos publicados este jueves por la Oficina de Estadísticas Laborales de EE. UU., el índice de precios al consumo (IPC) subió un 4,2% interanual en mayo, impulsado por el encarecimiento de la energía y los alimentos. La cifra supera las previsiones de los analistas, que esperaban un 3,8%.
Trump, que durante su campaña prometió controlar la inflación, ha cambiado ahora su discurso. «La inflación es buena para la economía», dijo el presidente, en un giro que sus críticos consideran una maniobra para justificar su gestión económica. Sin embargo, la mayoría de los economistas alertan de que una inflación persistente puede desestabilizar los mercados y reducir el consumo.




