El presidente estadounidense, Donald Trump, ha rebajado la tensión con China en torno a Taiwán tras la cumbre bilateral mantenida el 2 de junio de 2026 con su homólogo chino, Xi Jinping. La decisión supone un giro en la política de Washington hacia el estrecho de Taiwán, que durante meses había estado marcada por un incremento de la retórica beligerante y gestos de apoyo a Taipéi.
Según analistas estadounidenses próximos a la Casa Blanca, Trump optó por un enfoque transaccional, priorizando acuerdos comerciales y de seguridad con Pekín frente a la defensa de la autonomía taiwanesa. «Tras su cumbre con Xi Jinping, Trump demostró su inclinación por una política exterior de trueque», señalaron fuentes del círculo presidencial. El mandatario republicano habría condicionado el respaldo militar a Taiwán a concesiones concretas de China en materia arancelaria y de no proliferación.
Un realineamiento estratégico
La postura de Trump marca un distanciamiento respecto a la línea dura que hasta ahora había mantenido su administración, que incluía ventas de armas por valor de 1.900 millones de dólares (unos 1.770 millones de euros) aprobadas en 2025 y visitas de alto nivel de legisladores a la isla. El cambio se produce después de que Xi Jinping advirtiera en la cumbre de que cualquier escalada podría desencadenar «consecuencias imprevisibles» para la estabilidad regional.
La decisión ha generado reacciones encontradas en el Congreso estadounidense. Mientras que los sectores más críticos con China acusan a Trump de ceder ante Pekín, voces provenientes del ala realista del Partido Republicano defienden que la maniobra evita un conflicto directo en el Pacífico. «Es una jugada arriesgada, pero necesaria para reorientar los recursos hacia el competidor estratégico correcto», declaró un asesor del Consejo de Seguridad Nacional que pidió el anonimato.




