El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afirmó este sábado que Washington está «consiguiendo lo que quiere» en las negociaciones con Irán y que se acerca «lenta pero seguramente» a un acuerdo muy beneficioso. Sin embargo, un alto cargo iraní descartó cualquier posibilidad de discutir el control del estrecho de Ormuz, punto estratégico por el que transita cerca del 20% del comercio mundial de petróleo.

«Estamos consiguiendo lo que queremos», declaró Trump a la prensa, sin dar detalles concretos sobre los avances. En un tono ambiguo, el mandatario estadounidense advirtió que, si no se alcanza un pacto, Washington retomará la vía militar. «Nos acercamos lenta pero seguramente a un muy buen acuerdo. Si no ocurre, volveremos a la acción militar», señaló.

Por el lado iraní, el jefe de la comisión de seguridad nacional y política exterior del parlamento, Ebrahim Azizi, fue rotundo en declaraciones a la agencia rusa Sputnik:

Irán no hará del estrecho de Ormuz un tema de negociación o regateo.

Azizi subrayó que la república islámica no está dispuesta a poner sobre la mesa el control de esa vía marítima vital para el suministro energético mundial.

Dos visiones irreconciliables

Las declaraciones reflejan la profunda brecha entre ambas partes en las conversaciones nucleares y regionales, estancadas desde hace meses. Mientras Trump presume de concesiones iraníes, Teherán insiste en que no cederá en asuntos clave como el programa de misiles balísticos o la influencia regional.

El estrecho de Ormuz, ubicado entre el golfo Pérsico y el golfo de Omán, es un punto de paso obligado para el crudo de Arabia Saudí, Irak, Kuwait y los Emiratos Árabes Unidos. Cualquier interrupción en su tránsito dispararía los precios globales del petróleo y provocaría una crisis energética.

La postura iraní supone un nuevo obstáculo en el intento de la administración Trump por lograr un acuerdo integral que limite las capacidades nucleares y misilísticas de Irán. Analistas internacionales advierten de que las exigencias maximalistas de Washington y la firmeza de Teherán hacen improbable un pacto a corto plazo.