El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, declaró este jueves que su país asumirá el control total de la infraestructura petrolera de Irán, en el marco de las negociaciones para alcanzar un acuerdo de paz con el régimen iraní. La afirmación, realizada sin precisar mecanismos ni consecuencias, supone una escalada en la presión sobre Teherán y ha disparado la incertidumbre en los mercados energéticos globales.
Presión máxima como herramienta negociadora
Trump, que durante su mandato ha mantenido una estrategia de máxima presión contra Irán, no ofreció detalles sobre cómo se ejecutaría ese control ni qué instituciones estadounidenses se harían cargo.
We will assume total control of Iran’s oil infrastructure
afirmó el mandatario, en lo que fuentes de la Casa Blanca describen como una medida para forzar a Teherán a aceptar las condiciones de un eventual acuerdo.
La declaración se produce en un contexto de negociaciones intermitentes entre Washington y Teherán, que hasta ahora no han logrado avances significativos. La amenaza de control sobre la infraestructura petrolera iraní, que genera unos 20.000 millones de dólares anuales en ingresos, podría tener un impacto directo en los precios del crudo a nivel mundial, según fuentes del sector energético.
Repercusión en mercados
La noticia llega en un momento de tensión en Oriente Próximo, donde cualquier movimiento sobre el petróleo iraní afecta a la estabilidad del suministro. Un hipotético control estadounidense sobre la producción iraní podría traducirse en un encarecimiento de la energía y en una mayor volatilidad en los precios de los carburantes a nivel global.
El Gobierno iraní no ha respondido oficialmente a las declaraciones de Trump, aunque medios estatales citan fuentes del Ministerio de Petróleo que califican la amenaza de «inviable» y advierten de que cualquier intento de intervenir en su infraestructura energética sería considerado un acto de guerra.




