El presidente estadounidense, Donald Trump, ha amenazado con suspender la ayuda militar a Israel después de que los funcionarios israelíes criticaran duramente el acuerdo preliminar que Washington ha alcanzado con Teherán para poner fin a la guerra. La disputa, abierta este martes, supone un punto de inflexión en las relaciones bilaterales bajo la administración Trump y expone una brecha estratégica sobre la dirección del conflicto en Oriente Medio.

El acuerdo con Irán y la condición sobre Líbano

Según fuentes oficiales, el memorando de entendimiento entre Estados Unidos e Irán incluye una cláusula explícita que exige el fin de las operaciones israelíes contra Hezbolá en el sur de Líbano como parte de un acuerdo más amplio. Trump estaría decidido a cerrar la guerra con Irán, y el régimen iraní ha condicionado cualquier tregua duradera al cese de los ataques israelíes contra su aliado libanés.

“No estoy contento con la forma en que Israel se ha manejado con el Líbano”, declaró Trump el martes. “Israel habría sido destruido hace mucho tiempo si yo no me hubiera involucrado”.

Las palabras del presidente reflejan una frustración creciente por la postura israelí, que considera que sus intereses se ven mejor servidos continuando la presión militar contra Teherán y sus aliados. La advertencia de cortar la ayuda militar representa un giro respecto a la tradicional política estadounidense de apoyo incondicional a Israel.

Reacciones en Israel y el gabinete de Trump

Altos cargos israelíes han respondido con dureza al acuerdo preliminar, calificándolo de concesión a Irán. Por su parte, sectores del movimiento MAGA y halcones neoconservadores como el senador Lindsey Graham han mostrado su descontento, al considerar que el acuerdo supone una capitulación ante el régimen iraní y abandona el objetivo del cambio de régimen.

La amenaza de Trump, de materializarse, alteraría el equilibrio militar en Oriente Medio y pondría a prueba la alianza estratégica entre ambos países. El presidente ha reiterado en varias ocasiones su deseo de reducir el compromiso militar estadounidense en la región, una promesa de campaña que choca con la postura de su propio partido y del establishment de seguridad israelí.