El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, renovó este lunes sus amenazas contra Irán y advirtió de que, si no se alcanza un acuerdo nuclear, Washington «terminará el trabajo» y atacará los puentes y la infraestructura energética del país persa. La declaración, realizada desde suelo estadounidense, intensifica la presión sobre Teherán en plenas negociaciones para lograr un nuevo pacto que sustituya al de 2015.
O hacemos un trato o terminamos el trabajo. Y no será difícil terminar el trabajo.
Trump insistió en que prefiere un acuerdo, pero dejó claro que la opción militar está sobre la mesa si Irán no cede. Las palabras del mandatario suponen un giro respecto a la retórica previa de la Administración, que alternaba ofertas de diálogo con sanciones económicas.
La amenaza explícita contra infraestructura civil iraní —puentes e instalaciones energéticas— puede interpretarse como una escalada cualitativa en la estrategia de presión máxima. No se detallaron plazos ni condiciones del posible ultimátum.
La amenaza de Trump no solo afecta a Irán, sino a la estabilidad del estrecho de Ormuz, por donde transita una quinta parte del crudo mundial. Un ataque a la infraestructura energética iraní podría disparar los precios del petróleo y provocar una crisis de suministro en los mercados globales. La región de Oriente Próximo, ya convulsa por los conflictos en Gaza y Yemen, observa con preocupación el pulso entre Washington y Teherán.
Irán no ha respondido oficialmente a las declaraciones de Trump. El Ministerio de Exteriores iraní ha reiterado en el pasado que la República Islámica no negociará bajo coacción, según comunicados previos.




