El presidente estadounidense, Donald Trump, y su homólogo chino, Xi Jinping, mantendrán esta semana en Pekín una reunión en la que la venta de armas a Taiwán será uno de los puntos centrales. Según fuentes cercanas al encuentro, la discusión supondría una ruptura con la política tradicional de Estados Unidos en la región, que hasta ahora había mantenido una ambigüedad estratégica sobre el respaldo militar a la isla.

Un tema sensible en la relación bilateral

Taiwán es una cuestión históricamente espinosa en las relaciones sino-estadounidenses. Pekín considera la isla parte inalienable de su territorio, bajo el principio de una sola China, y cualquier venta de armas por parte de Washington es interpretada como una injerencia directa. La Administración Trump, sin embargo, parece dispuesta a utilizar ese instrumento como moneda de cambio en las negociaciones comerciales, tecnológicas y sobre el conflicto en Irán.

El giro estadounidense se produce en un contexto de creciente tensión militar. La Fuerza Aérea de Estados Unidos, según un informe publicado el 13 de mayo de 2026, ha reducido su flota de drones MQ-9 Reaper a tan solo 135 aeronaves, tras sufrir pérdidas en combate durante las operaciones en Irán. La reducción obliga al Pentágono a buscar un reemplazo más barato y prescindible, lo que podría alterar el equilibrio de capacidades en el teatro de operaciones asiático.

La venta de armas a Taiwán desafía directamente la política de ‘una sola China’ y podría tensar aún más las relaciones bilaterales, advierten analistas consultados por medios internacionales.

Por otra parte, el recorte en la flota de drones afecta a la capacidad de proyección de fuerza estadounidense en el Indo-Pacífico, justo cuando China refuerza su presencia naval en el mar de China Meridional. El encuentro Trump-Xi, que tendrá lugar esta semana en Pekín, abordará también la guerra en Irán y la cooperación tecnológica, pero la cuestión de Taiwán se perfila como el principal escollo del diálogo bilateral.