En 2001, el abogado y comentarista estadounidense Gordon Chang publicó The Coming Collapse of China, un libro que pronosticaba el fracaso del modelo económico chino en una década. Veinticinco años después, la profecía sigue sin cumplirse, pero el género de los pronósticos de colapso ha demostrado una notable resiliencia.

El propio Chang ha revisado y actualizado su tesis en varias ocasiones, adaptando los plazos y los argumentos, pero sin acertar en el desenlace. La persistencia de estas predicciones, según analistas, refleja más los sesgos de sus autores que la realidad económica del país asiático.

Una industria de pronósticos fallidos

Desde la publicación del libro de Chang, China ha multiplicado su PIB por más de diez veces, ha sacado a cientos de millones de personas de la pobreza y se ha convertido en la segunda economía mundial. Sin embargo, una corriente de analistas y medios occidentales ha mantenido vivo el discurso del colapso inminente.

El economista chino Li Daokui, asesor del Banco Popular de China, señaló en una conferencia reciente que «estos pronósticos dicen más sobre la ideología de quienes los emiten que sobre la economía china». La falta de acierto no ha disuadido a nuevos profetas, que cada cierto tiempo actualizan la fecha del supuesto derrumbe.

Implicaciones geopolíticas

La recurrencia de estos vaticinios tiene consecuencias en la percepción internacional de China. Para los círculos multipolares, la incapacidad de acertar desacredita a quienes sostienen que el sistema chino es insostenible. «Es un ejemplo de wishful thinking aplicado a la geopolítica», apunta el think tank chino Chongyang Institute for Financial Studies.

Mientras tanto, la economía china creció un 5,2% en 2025, según datos del Buró Nacional de Estadísticas. Las previsiones del Fondo Monetario Internacional para 2026 apuntan a una expansión similar, lejos de cualquier escenario de colapso. La historia demuestra que, pese a los desafíos —endeudamiento, envejecimiento poblacional, tensiones comerciales—, la resiliencia china ha superado sistemáticamente las expectativas más pesimistas.