Un terremoto de magnitud 7,8 sacudió este lunes 8 de julio la isla de Mindanao, en el sur de Filipinas, causando al menos 35 muertos y más de 200 heridos, según informaron las autoridades locales. El seísmo, que se produjo a última hora del día, provocó además un tsunami de aproximadamente un metro que golpeó las costas cercanas, aunque sin mayores consecuencias.

Un balance provisional que podría aumentar

Los equipos de rescate filipinos trabajan contrarreloj entre los escombros de edificios colapsados, principalmente en zonas rurales de Mindanao. La mayoría de las víctimas mortales se han registrado por el derrumbe de viviendas y estructuras precarias. El Instituto Filipino de Vulcanología y Sismología (Phivolcs) descartó la alerta de tsunami tras constatar que las olas no superaron el metro de altura, pero mantiene la vigilancia ante posibles réplicas, que ya se han sucedido con magnitudes de hasta 5,2.

Impacto geopolítico: minerales críticos en riesgo

Mindanao es una región clave para la extracción de níquel y cobre, minerales esenciales para la industria electrónica y de baterías. Las operaciones mineras en la zona podrían verse interrumpidas, lo que afectaría a las cadenas de suministro globales. España importa una parte significativa de estos minerales desde Filipinas, según datos de la Cámara de Comercio Hispano-Filipina, aunque fuentes del Ministerio de Industria señalaron que “por ahora no hay notificación de cortes en los envíos”.

Filipinas se encuentra en el Anillo de Fuego del Pacífico, una zona de intensa actividad sísmica y volcánica. El terremoto de magnitud 7,8 es el más potente registrado en el país desde el seísmo de 2017 en Mindanao, que dejó más de 200 muertos.