El primer ministro sueco, Ulf Kristersson, y el presidente ucraniano, Volodymyr Zelenskyy, han confirmado este viernes que Ucrania tiene la intención de adquirir un lote inicial de hasta veinte aviones de combate Gripen E/F, mientras que Suecia prevé donar otros dieciséis Gripen C/D a la Fuerza Aérea ucraniana. El anuncio, realizado tras una reunión bilateral, supone un refuerzo significativo de la capacidad aérea de Kiev frente a Rusia.
Una apuesta por la modernización de la flota ucraniana
Según fuentes oficiales suecas, el Gobierno de Estocolmo también ha asignado recursos para reemplazar las aeronaves Gripen que serán donadas, lo que garantiza la continuidad operativa de la propia fuerza aérea sueca. La operación, que aún debe ser ratificada por los respectivos parlamentos, se enmarca en los acuerdos de cooperación en materia de defensa firmados entre ambos países en los últimos meses.
El modelo Gripen E/F, la versión más moderna del caza sueco, ofrece capacidades avanzadas de combate aéreo y ataque a tierra, mientras que los Gripen C/D donados corresponden a una generación anterior pero aún plenamente operativa. La combinación de ambas variantes permitiría a Ucrania cubrir diferentes misiones tácticas y aliviar la presión sobre su actual flota, compuesta principalmente por aparatos de la era soviética.
Implicaciones geopolíticas e industriales
La adquisición refuerza la apuesta de Suecia por Ucrania como socio estratégico en el contexto de la guerra, y supone un respaldo industrial para Saab, fabricante sueco del Gripen, que ve asegurada una cartera de pedidos a largo plazo. El acuerdo también eleva la presión sobre otros aliados, como Estados Unidos, para que aceleren la entrega de cazas F-16 prometidos a Kiev.
Zelenskyy agradeció el gesto de Estocolmo y subrayó que la llegada de estos cazas permitirá a Ucrania defender su espacio aéreo de forma más efectiva frente a los ataques rusos. Kristersson, por su parte, reiteró el compromiso de Suecia con la seguridad europea y afirmó que la donación se realiza con la vista puesta en la posguerra, cuando Ucrania necesitará una fuerza aérea moderna para disuadir futuras agresiones.




