Sudáfrica atraviesa una crisis migratoria de gran escala después de que cerca de 50.000 migrantes ilegales hayan abandonado el país en las últimas semanas, víctimas de violentas manifestaciones antiinmigración. El presidente sudafricano, Cyril Ramaphosa, ha buscado respaldo en Europa con una visita a París, mientras la tensión diplomática se eleva con varios países africanos que han endurecido su tono contra Pretoria.
Violencia callejera contra los extranjeros
Las protestas, que se han prolongado durante semanas, han provocado imágenes de violencia contra ciudadanos de otras naciones africanas que residían en Sudáfrica sin documentación regular. El saldo provisional es la salida de unos 50.000 migrantes ilegales, una cifra que refleja la intensidad del rechazo social en un contexto de elevado desempleo y desigualdad en el país más industrializado del continente.
La oleada xenófoba ha causado conmoción en el resto de África. Varios gobiernos han convocado a sus embajadores en Pretoria y han expresado su indignación por la incapacidad de las autoridades sudafricanas para proteger a los residentes extranjeros.
Ramaphosa busca crédito en Europa
En plena crisis, Cyril Ramaphosa se ha desplazado a París, en lo que fuentes diplomáticas describen como un intento de apuntalar su imagen internacional y contrarrestar el desgaste en la escena diplomática africana. El presidente sudafricano quiere presentarse como un líder moderado y dialogante frente a los socios europeos, mientras en casa crece la presión para adoptar medidas más drásticas contra la inmigración irregular.
La visita coincide con el debate en la Unión Europea sobre su propia política migratoria, lo que añade una dimensión estratégica a la agenda de Ramaphosa. Según ha trascendido, el mandatario ha solicitado apoyo financiero y técnico para gestionar los flujos migratorios y poner freno a la violencia xenófoba.
Sin embargo, el malestar en África es profundo. Para muchos países del continente, Sudáfrica ha pasado de ser un referente de estabilidad y derechos a un escenario de hostilidad declarada hacia sus ciudadanos. La crisis diplomática amenaza con debilitar el liderazgo sudafricano en la Unión Africana y en otros foros regionales.
Una crisis con dimensiones europeas
La situación sudafricana también afecta a la posición española en África. España mantiene estrechos vínculos económicos y diplomáticos con Sudáfrica, y la inestabilidad migratoria en el país austral podría tener consecuencias indirectas sobre las rutas migratorias hacia Europa. La agenda migratoria europea, centrada en el control de las fronteras exteriores, sigue con atención los acontecimientos en Pretoria, mientras la imagen del país como socio fiable se resquebraja.




