Sudáfrica vuelve a escena de la violencia xenófoba. Desde principios de mayo, una nueva ola de manifestaciones contra la inmigración ilegal ha derivado en ataques a comercios y viviendas de extranjeros, principalmente en las provincias de Gauteng y KwaZulu-Natal. El Gobierno sudafricano ha desplegado refuerzos policiales, pero la tensión sigue en aumento y varios países vecinos han mostrado su indignación.

Las protestas, organizadas por grupos que acusan a los migrantes de ocupar empleos y aumentar la inseguridad, han incluido saqueos y agresiones. La comunidad migrante, compuesta en su mayoría por ciudadanos de Zimbabue, Mozambique y Nigeria, denuncia haber sido abandonada a su suerte por las autoridades.

El presidente sudafricano, Cyril Ramaphosa, condenó los actos violentos y pidió calma, pero los Gobiernos de Zimbabue y Mozambique han expresado su preocupación. El Ministerio de Exteriores de Zimbabue emitió un comunicado instando a Pretoria a proteger a sus nacionales. Por su parte, la Unión Africana ha llamado al diálogo para evitar una escalada regional.

Un problema recurrente

No es la primera vez que Sudáfrica sufre brotes xenófobos. En 2008 y 2015, episodios similares dejaron decenas de muertos y miles de desplazados. La persistente desigualdad económica y una tasa de desempleo superior al 30% alimentan el resentimiento contra los extranjeros, a menudo utilizados como chivo expiatorio.

Las organizaciones de derechos humanos han instado al Gobierno a abordar las causas estructurales de la violencia y a garantizar la seguridad de todos los residentes, independientemente de su estatus migratorio.