El 16 de junio de 1976, miles de escolares negros salieron a las calles de Soweto, el gran township de Johannesburgo, para protestar contra la imposición del afrikáans como lengua de enseñanza. La policía del régimen del apartheid respondió con disparos: el número oficial de muertos fue de 23, aunque las estimaciones no oficiales elevan la cifra a varios centenares. Aquella jornada marcó un punto de inflexión en la lucha contra la segregación racial en Sudáfrica.

Cincuenta años después, el país conmemora el aniversario de las protestas de Soweto en un clima de profundas divisiones sociales y raciales. A pesar del fin del apartheid en 1994 y de la llegada de la democracia, la brecha económica entre blancos y negros sigue siendo una de las mayores del mundo. Según datos del Banco Mundial, el 10% más rico de la población, compuesto mayoritariamente por blancos, acapara más del 60% de la riqueza nacional, mientras que la mayoría negra, que representa el 80% de los habitantes, apenas posee un 5%.

La segregación residencial también persiste. Soweto sigue siendo un township predominantemente negro, con infraestructuras deficientes y altas tasas de desempleo (superiores al 40% entre los jóvenes). Al otro lado de la ciudad, barrios como Sandton, con sus rascacielos y centros comerciales de lujo, siguen siendo mayoritariamente blancos. La geografía urbana de Johannesburgo refleja aún las líneas divisorias del apartheid.

Una generación sin memoria directa del apartheid

Los jóvenes sudafricanos nacidos después de 1994 —la llamada «generación libre»— no vivieron la opresión legalizada, pero crecen en una sociedad en la que la raza sigue determinando las oportunidades. La periodista sudafricana Thandeka Mokoena, de 28 años, explica que «la pobreza y la desigualdad están racializadas. El color de tu piel aún decide dónde vives, a qué escuela vas y qué salario cobras».

Las protestas de 1976 fueron lideradas por estudiantes que se enfrentaron a un sistema que les negaba el futuro. Hoy, las nuevas generaciones salen a la calle por motivos distintos pero igualmente urgentes: la falta de servicios básicos, el paro juvenil o la violencia de género. La fotógrafa Thérèse Di Campo, autora de un reportaje sobre las fracturas actuales, señala que «el país ha avanzado en derechos civiles, pero las heridas del apartheid no han cicatrizado».

La economía y la tierra, ejes del descontento

La posesión de la tierra sigue siendo otro foco de tensión. Según un informe gubernamental de 2025, el 72% de las tierras agrícolas sigue en manos de la minoría blanca, a pesar de las promesas del gobernante Congreso Nacional Africano (CNA) de acelerar la redistribución. El debate sobre la expropiación sin compensación, impulsado por formaciones como los Luchadores por la Libertad Económica (EFF), divide al país y despierta el recelo de los inversores internacionales.

El aniversario de Soweto no solo recuerda la resistencia contra el apartheid, sino que pone de relieve la necesidad de una transformación económica real que vaya más allá del cambio político. Sin ella, las divisiones que marcaron aquel 16 de junio de 1976 amenazan con perpetuarse durante otras cinco décadas.