El primer ministro británico, Keir Starmer, ha anunciado su dimisión este lunes 22 de junio tras meses de presión sostenida desde las filas de su propio partido, el laborista. La decisión pone fin a un mandato de casi dos años marcado por el estancamiento económico y la pérdida de apoyos electorales.

Las claves de la caída

Starmer afrontó un creciente descontento interno después de que varias de sus propuestas económicas quedaran frustradas por la falta de crecimiento. A ello se sumó la polémica en torno al nombramiento del exembajador Peter Mandelson, que generó fuertes críticas dentro y fuera del partido. La derrota en los comicios locales del pasado mayo desencadenó una rebelión interna que aceleró su salida, según fuentes del Partido Laborista.

La dimisión de Starmer se produce en un contexto de bajo apoyo popular, que había ido erosionándose desde su llegada al número 10 de Downing Street en 2024. El primer ministro logró la victoria electoral con la promesa de restaurar la estabilidad tras los agitados gobiernos conservadores de Boris Johnson, Liz Truss y Rishi Sunak, pero no pudo revertir las dificultades económicas del país.

Repercusiones bilaterales

La salida de Starmer abre un periodo de incertidumbre en la relación bilateral con España, especialmente en lo relativo a Gibraltar. El Peñón, territorio británico de ultramar, ha sido objeto de negociaciones entre Londres y Madrid para definir su estatus post-Brexit. Con un nuevo líder laborista al frente, las conversaciones podrían retomarse o ralentizarse, según el perfil del sucesor.

Por el momento, el Partido Laborista deberá elegir a un nuevo líder en un proceso que se prevé rápido para evitar una prolongada parálisis política. Entre los nombres que suenan como sucesores figuran varios miembros del gabinete actual, aunque ningún nombre ha sido confirmado oficialmente, según fuentes del partido.