La dimisión de Keir Starmer como primer ministro del Reino Unido, anunciada el lunes por la mañana, ha abierto el proceso de sucesión al frente del Partido Laborista. La renuncia se atribuye a errores en política exterior, según fuentes próximas al hasta ahora líder del Gobierno británico.
El relevo en Downing Street desencadena una lucha interna en el seno del laborismo para elegir al próximo candidato a primer ministro. Aunque el partido mantiene mayoría parlamentaria, deberá nombrar a un nuevo líder antes de que se convoquen elecciones anticipadas, que están previstas para 2028.
La decisión de Starmer, que llegó al poder en julio de 2024 tras la aplastante derrota conservadora, se produce en un contexto de tensión en las relaciones del Reino Unido con la UE y de desgaste por la gestión del conflicto en Ucrania. Su ejecutiva ha defendido la posición británica de apoyo a Kiev, pero el coste económico y la falta de resultados claros han erosionado su popularidad.
Entre los posibles sucesores suenan nombres como el de la ministra de Economía, Rachel Reeves, o el del ministro de Defensa, John Healey. Ambos representan alas distintas del partido: Reeves es la cara de la ortodoxia fiscal, mientras que Healey encarna el perfil más socialdemócrata y sindical.
La carrera por el liderazgo se resolverá en las próximas semanas, tras un proceso que incluye votación de los diputados y de las bases del partido. El ganador asumirá automáticamente el cargo de primer ministro sin necesidad de elecciones generales, aunque la oposición conservadora ha exigido ya un adelanto electoral.




