La compañía aeroespacial SpaceX, propiedad de Elon Musk, ha destinado 2.800 millones de dólares (unos 2.580 millones de euros) a la adquisición de turbinas de gas para abastecer de energía a sus centros de datos dedicados a inteligencia artificial. La inversión, confirmada el 21 de mayo de 2026, según fuentes de la empresa, busca satisfacer la creciente demanda computacional de su unidad de inteligencia artificial, al tiempo que la sitúa en el centro de una polémica ambiental.

Una apuesta por la nube y la potencia de cálculo

La unidad de IA de Musk pretende convertirse en un gran proveedor de computación en la nube, un mercado dominado por gigantes como Amazon, Microsoft y Google. Para ello necesita una infraestructura energética masiva y fiable. Las turbinas de gas son una solución probada para generar electricidad de forma continua, aunque implican emisiones de carbono que han generado quejas de grupos ecologistas y comunidades locales.

SpaceX no ha especificado la ubicación de los centros ni el proveedor de las turbinas, pero la inversión representa un hito en la carrera por la hegemonía de la inteligencia artificial, donde el acceso a energía barata y constante es un factor crítico.

La decisión de SpaceX de recurrir a turbinas de gas contrasta con el compromiso de otros grandes tecnológicos, como Google o Apple, que han anunciado planes para alimentar sus centros de datos con energías renovables al 100%.

El movimiento de Musk refleja la tensión entre la urgencia por escalar la capacidad computacional y la presión ambiental. La empresa ya ha enfrentado críticas por el consumo energético de sus operaciones de cohetes y satélites, y esta nueva inversión podría intensificar el escrutinio regulatorio en Estados Unidos, donde la Ley de Reducción de la Inflación incentiva las energías limpias.