En el primer semestre de 2025, Singapur concentró cerca del 92% de la financiación destinada a empresas emergentes en toda la región del Sudeste Asiático, un mercado de casi 700 millones de habitantes. En el sector de las fintech, el porcentaje alcanzó el 88%. Para enero de 2026, el flujo de capital hacia la ciudad-Estado superaba ya el 96% del total regional, según datos del ecosistema inversor.

El fenómeno refleja una creciente centralización financiera en Singapur, que actúa como polo de atracción de inversiones mientras los países vecinos —Indonesia, Malasia, Tailandia, Vietnam o Filipinas— apenas retienen una fracción mínima del capital. La tendencia suscita preocupación sobre la desigualdad económica dentro de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN) y la capacidad de las economías emergentes de la zona para captar recursos.

Una concentración sin precedentes

Los datos, recopilados por plataformas de análisis de inversión, muestran que la brecha se ha ampliado en los últimos dos años. Mientras Singapur mantiene un ecosistema de riesgo consolidado —con incentivos fiscales, estabilidad jurídica y conectividad global—, el resto de los países de la ASEAN luchan por atraer capital extranjero directo más allá de los sectores extractivos o manufactureros de bajo valor añadido.

When all the capital lands in Singapore and goes nowhere else, la integración financiera de la ASEAN se debilita, advierten analistas de la región.

La concentración se produce en un contexto de crecimiento desigual pospandemia. Mientras Singapur ha reforzado su posición como centro financiero y tecnológico, las economías vecinas enfrentan cuellos de botella en infraestructura, regulación y talento. La diferencia en captación de capital riesgo entre Singapur y el segundo país receptor —Indonesia, según los datos disponibles— se ha multiplicado por cinco desde 2023.

Implicaciones para el desarrollo regional

Expertos en desarrollo económico señalan que esta dinámica podría perpetuar la dependencia de los países más pobres de la ASEAN respecto a la inversión estatal o la financiación multilateral, frenando la innovación local. «Sin una redistribución más equilibrada, la brecha digital y tecnológica se agrandará», indican fuentes del Banco Asiático de Desarrollo.

El caso de Singapur ilustra cómo un pequeño Estado puede capitalizar las ventajas de la globalización financiera, pero también plantea interrogantes sobre el modelo de integración regional. La ASEAN ha promovido en los últimos años mecanismos para fomentar la inversión transfronteriza, pero los datos sugieren que los fondos tienden a quedarse en el nodo más desarrollado.