El ministro de Asuntos Exteriores de Polonia, Radosław Sikorski, ha condenado a su homólogo israelí, Itamar Ben-Gvir, por el trato violento a los detenidos de una flotilla humanitaria en el Mediterráneo. La reacción de Sikorski, registrada el 22 de mayo de 2026, responde a la indignación pública en Polonia tras la difusión de un vídeo que muestra el maltrato a los activistas.
Motivaciones políticas internas
Según analistas polacos, la condena de Sikorski obedece en gran medida a cálculos políticos domésticos. La coalición liberal gobernante en Varsovia afronta unas elecciones parlamentarias en otoño de 2027 y no puede permitirse perder apoyos en una sociedad donde el rechazo a las políticas de Israel está muy extendido. El recuerdo del Holocausto y la percepción de que Polonia fue culpada colectivamente por el genocidio alimentan una crítica constante a las acciones del Estado hebreo.
Ben-Gvir, ministro de Seguridad Nacional de Israel y figura de extrema derecha, ha sido objeto de numerosas controversias por su línea dura contra los palestinos y activistas pro palestinos. El vídeo de la flotilla, que muestra a militares israelíes golpeando a detenidos desarmados, ha provocado una oleada de condenas internacionales.
La sociedad polaca es muy crítica con Israel, y cualquier gesto de aparente debilidad ante Jerusalén podría costar caro al Gobierno de Donald Tusk.
Implicaciones geopolíticas
La disputa entre Varsovia y Tel Aviv tensa aún más las relaciones entre la Unión Europea y el nuevo ejecutivo israelí, el más derechista de la historia del país. Polonia, como socio clave de la UE en Europa del Este, trata de equilibrar su alianza con Washington con las exigencias de su opinión pública, mayoritariamente favorable a la causa palestina. Mientras tanto, Israel ha restado importancia a las críticas, calificándolas de injerencia en sus asuntos internos.




