La ciudad de Nabatieh, en el sur de Líbano, es objetivo diario de bombardeos israelíes pese a situarse fuera de la denominada «línea amarilla», una zona que el propio Ejército israelí había marcado como límite de sus operaciones terrestres. Los ataques han devastado infraestructuras civiles y obligado a gran parte de la población a huir, mientras un grupo de rescatistas continúa distribuyendo comida caliente y prestando auxilio a quienes permanecen en la zona.

Una línea que no protege

La «línea amarilla», trazada por las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) como supuesto perímetro de seguridad, no ha impedido que Nabatieh sufra bombardeos constantes. Carreteras, pueblos cercanos, ambulancias y zonas residenciales han sido alcanzados repetidamente, según reportan fuentes locales. El portavoz de la Fuerza Interina de la ONU en Líbano (FINUL) ha expresado su preocupación por la escalada, al tiempo que el Gobierno libanés denuncia violaciones de la soberanía nacional.

En el tiempo transcurrido entre la grabación del reportaje original y su difusión, siete rescatistas adicionales han fallecido en el sur de Líbano como consecuencia de ataques israelíes, según informó la Defensa Civil libanesa. La cifra eleva a decenas los sanitarios y voluntarios muertos desde que se intensificaron las hostilidades a finales de 2023.

El drama humanitario se agrava

La población civil de Nabatieh soporta cortes de electricidad y agua potable, mientras los centros de salud locales operan al límite de su capacidad. La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha advertido de que el sistema sanitario libanés, ya debilitado por la crisis económica, podría colapsar si los bombardeos no cesan. Unos 60.000 desplazados internos se refugian en escuelas y edificios públicos de la región, según datos de la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR).

Mientras tanto, los equipos de rescate —formados en su mayoría por voluntarios de la Defensa Civil libanesa y organizaciones locales— arriesgan sus vidas diariamente. “Nos quedamos porque alguien tiene que ayudar”, declaró un rescatista a la prensa local, horas antes de que su compañero muriera en un nuevo bombardeo. La comunidad internacional ha pedido la desescalada, pero los ataques continúan sin que se vislumbre un alto el fuego.