El presidente de Senegal, Bassirou Diomaye Faye, destituyó este viernes al primer ministro Ousmane Sonko y disolvió el Gobierno tras meses de crecientes tensiones entre ambos líderes. La decisión sume al país de África Occidental, fuertemente endeudado, en una mayor incertidumbre política, según confirmaron fuentes oficiales del palacio presidencial.
La ruptura entre Faye y Sonko, que formaron una exitosa alianza electoral hace apenas dos años, se precipitó por diferencias irreconciliables en la gestión del poder Ejecutivo, según fuentes cercanas al Gobierno senegalés. El presidente no ha ofrecido declaraciones públicas sobre los motivos de la destitución, ni ha anunciado un nuevo primer ministro o gobierno interino.
La crisis llega en un momento delicado para Senegal, que atraviesa una grave crisis fiscal con una deuda que supera el 80% del PIB y unas reservas de divisas en mínimos históricos. El país depende del Fondo Monetario Internacional para sostener sus finanzas, mientras negocia un rescate que avanza lentamente.
Ousmane Sonko, figura populista y antiguo activista antisistema, fue el artífice de la victoria de Faye en las presidenciales de 2024. Ambos encarnaban una promesa de cambio frente a la élite tradicional, pero desde el inicio de la legislatura surgieron roces sobre el control de los ministerios clave y la estrategia económica. El ex primer ministro no ha reaccionado públicamente a su destitución.
La comunidad internacional sigue con atención la evolución de un país que ha sido un pilar de estabilidad en África Occidental, escenario habitual de golpes de Estado en la región del Sahel. Senegal mantiene acuerdos de cooperación migratoria y de seguridad con la Unión Europea y España, que ahora podrían quedar en entredicho ante la incertidumbre política.
Una semana de alta tensión en Dakar
La destitución se produjo en medio de una semana de especulaciones en Dakar. Rumores sobre la sustitución de Sonko circulaban desde que el presidente anuló un Consejo de Ministros el pasado martes, sin dar explicaciones. La oposición ha pedido calma, pero advierte que el vacío de poder podría generar protestas sociales.
La decisión de Faye otorga un respiro al presidente, pero abre un interrogante sobre la gobernabilidad del país. Senegal no celebra elecciones legislativas hasta 2027, y Faye carece de mayoría absoluta en la Asamblea Nacional, que depende del partido de Sonko. Sin un nuevo gobierno, el Ejecutivo queda en funciones, limitado a la gestión de asuntos corrientes.
El futuro inmediato de Senegal dependerá de la capacidad de Faye para tejer nuevas alianzas parlamentarias o, en su defecto, convocar elecciones anticipadas, una opción que los analistas consideran improbable por la debilidad de las arcas estatales. La incertidumbre política añade presión sobre los inversores extranjeros, que ya habían reducido su exposición al país por la crisis de deuda.




